Miguel Ángel López Farías

Interrumpo este periodo de descanso personal para compartir estos números:

Solo el 6% de la población en Chiapas es, digamos, de clase media y de ahí para arriba, un 1% tienen todo y de más, la bestial realidad aplasta a el resto de estos mexicanos en el sureste, el 70% respiran en la franja de la pobreza y la pobreza extrema, más del 8% nomás no saben lo que es comer tres veces al día, el 60% no sabe lo que son servicios básicos, el estado de Chiapas ocupa los primeros lugares en rezago educativo.

Es el cuadro del desastre de cualquier programa que gobierno alguno pueda presentar y es lo que Morena, como ejecutivo estatal no pueden responder, es más, si queremos quitar la máscara a la izquierda, basta con citar estos datos desgarradores.

Estos días he tenido la oportunidad de ver de cerca “las piedras” de un discurso que prometió acabar con la pobreza y todas esas banderas hipócritas del combate a las injusticias sociales, se tratan de los pretendidos cimientos de una transformación que nomás no se ve por ningún lado, aquí la miseria dejó de doler, se es pobre y ya, se muere con los mismos calzones con que se nació.

Aquí, las bardas con el “vota por Morena” y de cualquier partido son una sonora mentada cuando se ven por sus calles los mismos hombres y mujeres que con huaraches pisan hoy, como hace dos siglos sus propias sombras, como muertos vivientes, muy indios, muy folclóricos, pero muy miserables… y lo peor, el desfile de niños y niñas que continuarán transitando el mismo camino que sus padres y abuelos y los abuelos de sus abuelos, la eterna pauperización, los mismos pasos de ser nadie.

Que insulto significa escuchar que en la CDMX se realizan todos los esfuerzos para que las amas de casa no paguen de más por un tanque de gas LP, mientras que, en Chiapas, como en muchas regiones de México los “apoyos” sean una cruel promesa para esos que lo más lujoso es recibir una mochila, una gorra o playera con el logo de los candidatos.

Y sin que se espanten, pero los vacíos se ocupan y cada vez toma fuerza la única industria que contrata y paga puntual, que no aplica exámenes y que, aunque en ello se vaya la vida, responden a las necesidades inmediatas de miles de jóvenes que no saben lo que es tener 500 pesos en la bolsa, el crimen organizado es la respuesta, incontenible y efectiva y que ante el vacío de los gobiernos se va convirtiendo en el gran estado que todo mueve, que todo penetra.

Chiapas no solo es Pantelhó o la región de los Altos, es un cuadro hermoso de la naturaleza, pero una aberración de la izquierda de estos tiempos.