Lo decisivo es el perjuicio que ocasiona

en el otro, sin el cual no existe la mentira.

Jacques Derrida.

Arturo Suárez Ramírez

Estimados amigos lectores muchas gracias por su tiempo para la lectura de la presente columna que se publica en este prestigiado medio de comunicación. En lo que va del sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador, la Secretaría de Gobernación prácticamente ha sido desmantelado y no cumple ninguna de las funciones que realizaba en el pasado.

Hasta la administración anterior el hombre más fuerte del presidente en turno despachaba desde el Palacio de Cobián, ahí se discutía sobre la seguridad interior, se tomaban decisiones para la política interna y se dictaba línea para la externa. En ese mismo lugar se entrevistaban los gobernadores con el titular, hubo secretarios que hasta les ponía sendas regañadas y los bajaban del caballo. El sitio de los excesos contra los estudiantes de Luis Echeverría en el 68 y Mario Moya Palencia en el 71.

Desde ahí se operaba el espionaje del CISEN para los adversarios e incluso para los cercanos del régimen, que nadie se saliera de control, que nadie estuviera fuera del sistema.  

También se ocultaba información y se difundía la que era importante para el régimen. Se construían verdades y se utilizaban para dirigir a la opinión pública. Se cuartaba la libertad de expresión y se regulaba hasta la venta del papel para los periódicos. Así la historia de extremo a extremo.

En su concepción era la dependencia encargada de poner orden en la política interior del país. Así les funcionó porque a pesar de todo, le servía de apoyo, descanso y justificación al presidente. Ese lugar era tan importante porque cuando se hablaba de la sucesión presidencial, era el primer lugar al que se volteaba a mirar.

Hasta el sexenio de Enrique Peña Nieto, la Segob contaba con ocho subsecretarías, dieciséis  organismos desconcentrados y tres descentralizados. Como dice López Obrador era algo paquidérmico. Ahora la han reducido a su mínima expresión y también han relegado a un segundo plano a doña Olga Sánchez Cordero.

Es innegable que Marcelo Ebrard se ha convertido en el hombre fuerte de López Obrador, en el protagonista, incluso ha tomado funciones como los viejos secretarios de Gobernación muy al estilo del PRI. Cada día se ve más cercana la llegada de Marcelo al Palacio de Cobián para que tenga plena libertad de operar desde donde le corresponde.

Tener una dependencia así resulta una carga, porque las funciones verdaderamente importantes se realizan en otro lado.  ¿Se atreverá López Obrador a cortar a Olga Sánchez Cordero?

Entre Palabras

Los que se meten en cada lío son la gente de la Secretaría de Cultura. Que siempre no era la voz de Frida Kahlo. Que siempre no era homenaje en Bellas Artes al ministro de culto. Que no hay problema en las bibliotecas. ¿Les creemos?

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