Todos los hombres han vivido la historia 

del mundo, pero me siento obligado 

a hacer mi traducción del ser, mi propia versión. 

Juan José Arreola 

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez 

Estimado lector, gracias. La segunda parte del sexenio representa el paulatino debilitamiento del presidente de la República. La historia nos dice que los mandatarios buscan alargar el momento inevitable de la sucesión, en este caso Andrés Manuel López Obrador les abrió la puerta a los caballos antes de tiempo como si ya no quisiera nada más que esperar la hora del adiós de un sexenio perdido en varios frentes, el tiradero será monumental, peor que antes y tomará años recuperar el paso de cuando estábamos “mal” que ahora con los “diferentes”. 

Los indicadores y las advertencias están ahí, anticipan el fracaso de la 4T, mientras que el “Pejelagarto” está más preocupado por narrar una historia de éxito que solo existe en su cabeza (así se lo dijo Macario Schettino), que por gobernar al país. Un personaje que se parece a lo que tanto niega como Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverria Álvarez o José López Portillo, pero como dicen los mayores, “origen es destino” y para ellos ahí quedó la obsesión por cómo los iba a recordar la historia, así les fue. 

Tenemos en Palacio Nacional un presidente que despacha desde la conferencia mañanera, solo un par de horas al día, ahí se enfrasca en desenmascarar las mentiras de los medios de comunicación, señala a sus adversarios, tapa la corrupción de sus carnales y cercanos, hacen malabares para explicar la tasa de desempleo que se sitúa en 4.7% y el aumento de la informalidad en 7.7%; los 238 mil 316 muertos por la pandemia, los 90 mil 750 del crimen organizado y los mil 600 niños con cáncer fallecidos por falta de medicamentos. 

Así que hay que prepararse, en los próximos 38 meses veremos la desesperación, la radicalización de López para justificar el fracaso de su proyecto que se anticipa dejará más damnificados y más corrupción que los 35 años de neoliberalismo, ese maldito demonio del que, según el caudillo de Macuspana, nos liberó. El asunto es grave porque la realidad corre por una vía y su imaginación por otra, como ejemplo está la pacificación de país, no se va a lograr, la violencia está escalando y parece que se solapa a los cárteles de la droga que operan a sus anchas. 

Viene la consulta para enjuiciar a los expresidentes, no va a pasar nada. Las reformas en las Cámaras para buscar cambiar al INE, la Eléctrica y la de la Guardia Nacional que no se las van a conceder, se van a judicializar. Pero lo importante para López no es que se las entreguen como al inicio de su sexenio porque de ser así estaría obligado a dar resultados, mientras que si se las niegan vendrá “el lo intente, pero me frenaron”. Estamos condenados a escuchar el mismo discurso igual que sus antecesores neoliberales y los paganos serán los de siempre a pesar de sus programas sociales y las remesas que tanto orgullo le causan… Pero mejor ahí la dejamos. 

Entre Palabras 

Dice el presidente que llueve, truene o relampaguee se regresará a clases. ¿De verdad al costo que sea? ¿También se va a pelear con los padres de familia? 

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Hasta la próxima.