Cualquier planeta es la Tierra 

para aquellos que viven en él. 

Isaac Asimov 

Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez 

Si algo le gusta a López Obrador son las viejas formas del PRI de los setenta, los más autoritarios e intolerantes, ahí se formó en la política teniendo como referentes a Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverria Álvarez, José López Portillo, las nacionalizaciones como las de los bancos, pero con los pecados de las devaluaciones, inflación a tope que lastimó a los que menos tienen, los cuentos de la renovación moral, la administración de la abundancia que nunca se concretaron, aunque son otros tiempos, bien se puede encontrar grandes similitudes con esos oscuros personajes que tanto reniegan pero como se parecen. 

En ese régimen de poder unívoco era el presidente de la República quien escogía a su sucesor, claro que le tenían que entrar al juego del tapado, con unos señuelos para evitar el desgaste de la opinión pública, así sucedió hasta la designación de Luis Donaldo Colosio, con su muerte se rompió esa cadena y Ernesto Zedillo Ponce de León se le insubordino a Carlos Salinas de Gortari. En ese contexto el secretario de Gobernación era un candidato natural para la presidencia, se trataba del segundo hombre más importante en el escalafón del poder Ejecutivo. Felipe Calderón lo habría intentado con Juan Camilo Mouriño, pero la caída del avión donde viajaba le truncó los planes a Calderón y al panismo. 

Peña Nieto mantuvo todo su sexenio a Miguel Ángel Osorio Chong, un personaje de bajo perfil que cumplió con la encomienda y luego de que José Antonio Meade perdiera la presidencia se refugió en el Senado de la República y a pesar de que la administración de Peña fue la más corrupta hasta ahora, a Chong poco o nada lo nombra López Obrador con aquello de “la mafia del poder”, seguramente en su posición y con el manejo del CISEN debe haber guardado información privilegiada. 

La primera parte del sexenio de Andrés Manuel López Obrador puso en la Segob a la primera mujer en ocupar el cargo, Olga Sánchez Cordero, su misión doblar al Poder Judicial para que respondiera a los intereses del nuevo régimen, por lo demás, esa secretaria fue reducida a su mínima expresión, pero al perfilar la segunda parte de la administración de López Obrador tenía que nombrar a un hombre de toda su confianza, bueno para negociar y duro en las decisiones, esas características las encontró en el gobernador de Tabasco Adán Augusto López que dejó su encargo para ponerse a las órdenes de su primo, con ello se le abrió un sorpresivo panorama, pues fieles a las viejas liturgias ya juega como alfil del otro tabasqueño. 

Como si la estrategia fuera buscar alguien parecido al Pejelagarto, Augusto López inició su carrera política en el PRI en 1971 donde permaneció hasta el 2001, después se cambió al PRD y finalmente a Morena, partido que lo postuló a la gubernatura de Tabasco en 2018. En inquilino de Palacio Nacional le tiene plena confianza porque fue su operador electoral en sureste del país donde le entregó buenos resultados, lo mismo que en la consulta de revocación de mandato que le entregó 627 mil 590 votos y fue la entidad número uno en participación. 

Me cuenta uno de los diputados de Morena que acudió a la reunión con el presidente para agradecer su apoyo legislativo, que antes de entrar al salón Tesorería de Palacio Nacional, varios se pusieron de acuerdo para montar el numerito y cuando fue dicho su nombre por López Obrador, se escuchó un tímido grito de ¡presidente! ¡presidente! lo que se tomó como un destape, esos desplantes no los ha tenido López ni con Claudia Sheinbaum a la que nombran la favorita y que corre detrás de su jefe. 

Con Adán Augusto López en Segob, López Obrador ganó un secretario con las características del viejo régimen, y López Hernández la posibilidad de colarse a la candidatura en la que sus cercanos se van rezagando… Pero mejor ahí la dejamos. 

Entre Palabras 

La economía prendida con alfileres, veremos qué pasa después de las elecciones cuando dejen de contener artificialmente los precios de los energéticos. Deberíamos estar preocupados.   

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Hasta la próxima.