Luis Mena Pantoja
La novela “Nigredo” (2025), de Esteban Govea, permite una vista al Guanajuato del siglo XVII, para explorar no sólo un episodio histórico, sino una zona profunda de la experiencia humana. Publicada por el Fondo de Cultura Económica, la obra literaria se inscribe en la tradición de la narrativa histórica contemporánea que entiende el pasado no como escenario inerte, sino como un territorio vivo, cargado de tensiones morales y simbólicas.
La historia se articula alrededor de una conjura minera encabezada por don Jerónimo Carrión, el hermano Irigoyen y el danés Gaspar Corso, quienes apuestan por una veta incierta en la mina del Atanor. Lo que comienza como una empresa económica pronto se transforma en una exploración de los límites humanos: la codicia, el miedo y la obsesión por dominar la materia.
El título “Nigredo” remite a la fase inicial de la alquimia, caracterizada por la putrefacción, y funciona como una metáfora del proceso interno de los personajes, enfrentados a su propia degradación antes de cualquier posible transformación.
Para el autor la historia no es un catálogo de fechas, sino una narrativa viva y palpitante. En ese sentido, Esteban Govea afirma que “la historia no sólo se trata de hechos, sino de cómo esos hechos laten en la imaginación colectiva; eso es lo que me interesa explorar en mis novelas”.
Así, en la obra el pasado se vuelve una fuerza activa que empuja a los personajes a decidir, a fallar y a confrontar las consecuencias de sus actos.
El Guanajuato del siglo XVII era una región de amplios contrastes, con una inmensa riqueza mineral, precariedad humana, fervor religioso y violencia cotidiana. Las minas no sólo sostenían la economía novohispana, también producían una cosmovisión marcada por el sacrificio, el encierro y la espera.
Govea utiliza este trasfondo para construir una atmósfera densa, donde la tierra misma parece participar en la tragedia, al recordar que el subsuelo no entrega sus tesoros sin exigir algo a cambio.
En este contexto, “Nigredo” se distancia de la reconstrucción decorativa del pasado, y presenta a Guanajuato como un organismo vivo y un espacio donde confluyen fuerzas económicas, religiosas y simbólicas.
El escritor explica que su interés radica en evitar una visión museística del pasado. “Cuando escribo, me interesa que el pasado no aparezca como museo, sino como un lugar donde los personajes siguen vivos en sus decisiones y contradicciones”. Esta postura se refleja en una prosa que privilegia la tensión psicológica y la ambigüedad moral por encima de la descripción ornamental.
“Pensé en Nigredo como una manera de acercar al lector a los procesos de transformación humana: no son sólo vetas de metal las que se refinan, sino las pasiones y los ideales de quienes habitaron ese tiempo”, señala al referir el trasfondo simbólico de la obra.
Esteban Govea García (Celaya, Guanajuato, 1988) es un narrador, poeta y filósofo. Doctor en Filosofía por la UNAM, su trabajo literario se caracteriza por un diálogo constante entre pensamiento crítico, imaginación narrativa y exploración simbólica. Ha publicado libros de cuento y poesía, además de colaborar en antologías y proyectos interdisciplinarios donde confluyen literatura, cine y reflexión teórica.