Víctor Hugo Islas Suárez

Voy a regresar un poco en el tiempo contando la historia de Jerónimo de Aguilar, es que es de esas cosas que parecen sacadas de una novela, pero que en realidad fueron decisivas para que la Conquista de México se desarrollara como lo conocemos. Imagínate, un fraile español que naufraga en 1511, sobrevive de milagro en las costas de Yucatán y pasa ocho años entre los mayas, cuando por fin aparece Hernán Cortés en Cozumel, Aguilar se convierte en su intérprete y pieza clave para abrir diálogo con los pueblos indígenas. Suena a aventura épica, pero lo curioso es que, con el tiempo, terminó siendo desplazado por alguien que aprendió español más rápido que él: Malintzin, la famosa Malinche.

Aguilar nació en Écija, en España, y llegó al Caribe como parte de esas expediciones tempranas que buscaban fortuna y evangelización, en 1511 iba en la nao de Juan de Valdivia, que naufragó cerca de Jamaica, los sobrevivientes fueron arrastrados hasta Yucatán, donde los mayas los capturaron, la mayoría acabó sacrificada, pero Aguilar y Gonzalo Guerrero lograron salvarse, aquí es donde sus caminos se separan, Guerrero se integró a la vida maya, se casó con una mujer indígena y hasta tuvo hijos mestizos, Aguilar, en cambio, se aferró a su fe y a la esperanza de volver con los españoles, durante ocho años aprendió la lengua y las costumbres, pero nunca dejó de rezar ni de sentirse parte del mundo cristiano.

Cuando Cortés desembarcó en Cozumel en 1519, alguien le contó que había un español viviendo entre los mayas. Mandó buscarlo, y Aguilar apareció con un rosario en la mano y un libro de oraciones, como diciendo, “Aquí estoy, sigo siendo fiel”, Cortés lo recibió con respeto y enseguida entendió que tener a alguien que hablara maya era oro puro, Aguilar se convirtió en intérprete, y gracias a él los españoles pudieron comunicarse con los pueblos de la península, poco después, cuando Malintzin entró en escena, se armó la famosa cadena de traducción, ella pasaba del náhuatl al maya, y Aguilar del maya al castellano, era como una especie de teléfono descompuesto, pero funcionaba, y vaya que fue útil para negociar alianzas y entender las rivalidades entre los pueblos sometidos por los mexicas.

Durante esos primeros meses, Aguilar fue indispensable, sin él, Cortés habría estado perdido en un mar de lenguas desconocidas, pero aquí viene el giro, Malintzin, que era brillante, aprendió castellano en tiempo récord, en cuanto pudo hablar directamente con Cortés, Aguilar dejó de ser necesario, la traducción en dos pasos ya no hacía falta, y además Malintzin tenía algo que Aguilar nunca podría ofrecer, era indígena, conocía las costumbres desde dentro y podía leer las sutilezas culturales que a un fraile español se le escapaban, así, poco a poco, Aguilar fue quedando en la sombra.

Eso no significa que desapareciera de golpe, siguió acompañando a Cortés en varias campañas, pero ya no era la voz principal, murió hacia 1531 en Pánuco, sin grandes honores ni fama. Su historia quedó eclipsada por la de Malintzin, que se convirtió en símbolo (para bien o para mal) de la Conquista, Aguilar, en cambio, quedó como ese personaje secundario que fue crucial en un momento, pero que después perdió protagonismo.

Si lo piensas, su papel fue como el de un puente improvisado, necesario para cruzar un río, pero que luego se sustituye por uno más sólido, sin Aguilar, los primeros contactos habrían sido mucho más violentos y confusos, fue él quien permitió que Cortés entendiera lo que estaba pasando y aprovechara las divisiones internas de Mesoamérica, pero cuando Malintzin ya hablaba español, el puente que Aguilar había construido dejó de ser útil, ella se convirtió en la voz directa entre Cortés y los pueblos mesoamericanos, y Aguilar se desvaneció en la sombra de quien ya podía hablar sin intermediarios, así es, la Malinche posiblemente no sería lo que fue sin Aguilar, lo que por lo menos a mi me hubiera resultado mucho mejor (o no?)