Rafael Lulet

Las diferentes administraciones se han caracterizado por plantear una directriz de cómo trabajarán sus gobiernos regularmente al comienzo de cada periodo presidencial, algunos desde el inicio se sabe cuál será su modelo económico a trabajar, otros ya se saben que será la continuidad del anterior, como lo ha sido en el inter de Miguel de la Madrid y Peña Nieto, sin embargo en el caso del nuevo presidente de México, ha sido una excepción, critica al neoliberalismo, pero sus políticas tienen rasgos del mismo.

El adelgazamiento del Estado fue y es una de las medidas neoliberales, otros de ellos, se encuentra el otorgar las licitaciones de proyectos gubernamentales a sus amigos o compadres, declarando desiertas en cada licitaciones para irse por la vía directa, el poner a personas sin estudios, sin preparación al frente de instituciones del estado son otras de las medidas adoptadas por este modelo, sin mencionar en el aspecto político donde el clientelismo electoral se basa en la generación de pobres y tenerlos latentes a través de becas, apoyos u otros incentivos con el fin de mantenerlos listos al momento de las votaciones; característica principal del priismo.

La diferencia de administraciones pasadas a la actual, es que el presidente es quien supervisa, es vocero, es economista, analista político, entre muchos otros supuestos cargos, pero al final los resultados son igual al mismo, o sea nada. Y si se le contraviene, es estar en contra suya, es ser “conservador”, es tener otras datos diferentes, etc. El liderazgo se caracteriza por tener conocimientos de administración, y saber usar las herramientas de planeación, supervisión, organización y control, eso no quiere decir el hacer todo, sino saber delegar y darle seguimiento a los proyectos.

Apenas han transcurrido casi ocho meses del mandato de López Obrador y al ritmo en que va, es claro un fracaso de su administración, donde las ocurrencias son el pan nuestro de todos los días; critica al modelo meoliberal a cada momento, pero usa algunas de sus aplicaciones a su conveniencia cuando puede, el liderazgo no se encuentra en pensar las cosas como a dios le da a entender y ejecutarlo de esa manera, todo tiene un planteamiento así como un seguimiento y más cuando la empresa se encuentra por encima de las manos de uno, o sea como un país por ejemplo.

Su modelo económico, no tiene ni pies ni cabeza, no se sabe si es Keynesiano, Neoliberal, Marxista, Comunista o de plano mixto, lo que si queda claro, es ser “Ocurrentista” un término el cual aún no se inventa dentro de la Real Academia de la Legua Española, pero en México ya se encuentra aplicado.

La llamada Cuarta Transformación es un eslogan sin eco y sin sustento, es la representación de soberbia y de su ego, el querer paragonarse con verdaderas figuras históricas de nuestro país, incomparables, por ende no se puede equiparar López Obrador con Juárez ni mucho menos con Lázaro Cárdenas.

Ellos nunca fueron de ocurrencias ni mucho menos de individualismos, siempre tenían personas cercanas con conocimientos específicos y en ellos se recargaban, ejemplo a lo dicho mencionaremos a Juárez, quien a pesar de tener diferencias con Porfirio Díaz, le confiaba parte de su ejército y es así como ganaron ante la intervención Francesa, en el caso del General Cárdenas, tuvo el filin para pactar con actores políticos importantes de la época, muchos opositores a él, o sea un excelente estadista siendo eso gran parte de su triunfo; cosas de las cuales carece nuestro actual presidente.

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