Pedro Flores

Es paradójico que en la actualidad se hable de inseguridad y de honestidad, cuando los que tienen historia, recuerdan que lo mismo hacía en su momento el “General” Arturo Durazo Moreno, al frente de la policía capitalina.

Si, en épocas pasadas, la gente podía salir de un espectáculo a las tres de la mañana y no pasaba nada, ahora hasta en una pecera te asaltan, mientras las autoridades como siempre abren una carpeta de investigación de la cual nunca se sabe el final, ahora ni en su casa el ciudadano es víctima, y lo peor la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) apoya al malandro.

Que Durazo era esto, lo otro tal vez sea cierto, pero la ciudadanía estaba segura si en su época, los llamados “anarquistas” no hubieran caminado una sola cuadra, cuando ya estuvieran llorando su osadía, porque ya les hubieran aplicado “su ley”, pero ahora perdonan hasta a los narcotraficantes con “amor y paz”.

Todos sabían cómo actuaba el “general” y lo que menos le importaba era darse golpes de pecho con frases como primero los pobres, utilizada en la actualidad para engañar a la sociedad más necesitada, misma que observa en este nuevo régimen de honestidad valiente, se aplican las mismas mañas y mismos métodos que Arturo Durazo, en el hecho de colocar a sus parientes y amigos en diversos puestos clave.

Dicha situación era para hacer producir dinero para las arcas de él, de esta forma colocó a su segundo de a bordo, Francisco Sahagún Vaca, como titular de la desaparecida Dirección de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia (DIPD), ganando 250 mil mensuales.

El nombrado “coronel” Daniel Molina Miranda, secretario particular de Durazo, obtenía un sueldo de 35 mil mensuales, Armando López Santibáñez Director de Autotransportes y Estacionamientos le pagaban al mes 30 mil pesos.

Y qué decir de sus familiares Gerardo Durazo Reyes, jefe de almacenes, su sobrino con el grado de teniente coronel se llevaba 15 mil al mes y no se presentaba, misma cifra que le daban cada mes a su hermana Edelmira Durazo entre otros.

Pero que nos debe de extrañar, todo eso se daba en el apogeo del priismo, cuyos integrantes están ahora en Morena y el Gabinete siguiendo los lineamientos de quien también fue priista, como lo es Andrés Manuel López Obrador.

El problema de quien siempre tiene otros datos, que nadie sabe quién se los proporciona, porque incluso son contrarios a los que las cifras oficiales de su gobierno dan a conocer, es que hay un marcado desplome de la inversión en renglones prioritarios. ¿Por qué se cae la inversión en un país? Cuando no hay confianza en el Gobierno en turno, y los del dinero, a pesar de las reuniones no le tienen confianza a la actual administración.

Y el pueblo le está perdiendo también la confianza en quien criticó a Vicente Fox, por unas toallas de 400 dólares, cortinas a control remoto de 17 mil dólares y sábanas de 3 mil 500 dólares, ahora las que el presiente llama benditas redes sociales, le descubrieron que tiene un menaje de casa, que ni Obama lo tenía.

Si bien ante vivíamos en la Ciudad de la Esperanza, ahora vivimos en un país de desesperanza e impunidad para la delincuencia, desabasto de medicinas, impuestos qué están trabajando en Centroamérica y una sumisión total a Estados Unidos que nos hace recordar a Porfirio Díaz, que señala: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”.

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