Víctor Hugo Islas Suárez
Que difícil es hoy tener una conversación con sustancia, hace poco leí un estudio de Microsoft que me dejó helado, resulta que la capacidad de atención humana promedio ha bajado de 12 a solo 8 segundos en las últimas dos décadas. ¿Y sabes qué es lo más fuerte? Que un pez dorado, ese que vemos dando vueltas en su pecera, tiene una ventana de atención de 9 segundos. ¡Nos ganó el pez! Básicamente, nos cuesta más trabajo concentrarnos en una idea que a un animalito cuya única misión es no olvidarse de comer.
Es de locos, pero si lo analizas te das cuenta de que no es casualidad, estamos viviendo en la era de la «economía del fragmento» y nos está pasando factura en la profundidad del alma, antes, sentarse a leer el periódico o un buen libro no era un «logro», era el estándar, te sumergías en una narrativa, seguías un argumento de principio a fin y, al terminar, sentías que habías crecido un poquito, hoy, en cambio, nuestra dieta mental es pura «comida chatarra» informativa, nos llenamos de párrafos de 140 caracteres, videos de 15 segundos y titulares amarillistas que solo buscan que nos dé un micro infarto de indignación para que hagamos clic, al final del día, sentimos que «sabemos mucho» porque vimos cien cosas distintas, pero si nos preguntan algo a fondo, nos quedamos en blanco, estamos perdiendo el músculo de la concentración por culpa de ese scroll infinito que nos tiene hipnotizados.
Lo que más me preocupa (y creo que es lo que mucho lo sienten también) es cómo esto ha matado el diálogo real, ya no platicamos para entender, sino para «lanzar» la opinión que nos prestaron en un post, es como si todos tuviéramos un guion prefabricado, alguien dice una palabra clave (política, economía, clima) y ¡pum!, el otro suelta el comentario que leyó en TikTok esa mañana. No hay matices, no hay «peros», no hay dudas, el sentido común, que antes era ese balance entre la experiencia y la reflexión, se ha vuelto peligroso porque ahora «sentido común» es simplemente lo que la mayoría de tu burbuja de algoritmos dice que es verdad, si todos en tu muro dicen lo mismo, asumes que es una verdad absoluta.
¿Te has fijado en que ya casi nadie dice «no sé»? En este mundo de inmediatez, admitir que no tienes una opinión formada sobre un tema complejo se ve casi como un pecado, pero es todo lo contrario, la verdadera inteligencia requiere tiempo, silencio y, sobre todo, aburrimiento, sí, aburrimiento, de ahí salen las mejores ideas, pero ahora, cada vez que tenemos diez segundos libres (en la fila del súper o en un semáforo), sacamos el celular para no «perder el tiempo», cuando en realidad lo que estamos perdiendo es la capacidad de procesar la realidad.
Entonces, ¿cómo salimos de este bucle sin volvernos unos ermitaños? Yo creo que la clave es la rebeldía de la lentitud, hay que volver a ser «lentos» a propósito, leer un libro físico no es solo por el gusto romántico del papel, es porque el libro es un espacio seguro: no tiene notificaciones, no te interrumpe con un anuncio de zapatos ni te invita a pelearte con un desconocido en los comentarios, es un compromiso de atención entre el autor y tú.
Tenemos que empezar a tratar nuestra atención como si fuera dinero, porque las grandes empresas tecnológicas así la ven, no se la podemos regalar a cualquiera que grite más fuerte en una red social, hay que invertirla en cosas que tengan «largo aliento», escuchar un podcast de una hora donde dos personas conversan con calma, leer un reportaje largo en una revista de esas que todavía huelen a tinta, o simplemente sentarnos a ver pasar a la gente sin el teléfono en la mano.
Al final, hablar con alguien que todavía lee y reflexiona es como encontrar un oasis en el desierto, se siente una conexión real, no una repetición de memes, no dejemos que la velocidad nos robe la capacidad de asombro y, sobre todo, la libertad de pensar por nuestra cuenta, porque, créeme, el mundo es mucho más complejo y hermoso de lo que cabe en un video de TikTok.







