- AMLO ya se instaló en la megalomanía
- Y ya nos tiene encabronados
Francisco Rodríguez
Los últimos diez días han sido una pesadilla política para los mexicanos informados.
El protagonista de esas malas pasadas, claro, ha sido Andrés Manuel López Obrador, quien en su viaje a El Salvador, Honduras, Guatemala y Belice no sólo regaló dinero de nosotros los pagaimpuestos, también anunció la incorporación de 25 mil chapines al desvencijado y muy saqueado Instituto Mexicano del Seguro Social.
El colmo fue el anuncio de la contratación de 500 “médicos” cubanos tras su visita a La Habana.
Y el denominador común: su empecinamiento ante el gobierno de Joe Biden para que éste invite a los jefes políticos de Venezuela, Nicaragua y Cuba a la reunión continental que se llevará a cabo dentro de tres semanas en territorio estadounidense.
En su megalomanía, AMLO ha adoptado el papel de “hermano mayor” de las naciones latinoamericanas que, según sus escribidores, le queda a la medida… así y el costo económico y sobre todo político sean de proporciones exageradamente altos.
Las redes sociales se han mostrado implacables ante todas esas locuras del presidente mexicano que, ya no hay duda, es paciente del síndrome de Hubris, del cual le platiqué en enero de 2020 y que puede usted releer dando click aquí: https://indicepolitico.com/lo-que-nos-faltaba-en-la-4t-amlo-y-el-sindrome-de-hubris/
López Obrador emplea en las “mañaneras” la teatralización de los fascismos, con sus gestos paramilitares, los símbolos gráficos y el culto a la personalidad de los totalitarismos, en general,
Pronto da un paso más y entra en la «ideación megalomaníaca», cuyos síntomas son la infalibilidad y el creerse insustituible. Ya comenzó, por ello, a realizar planes estratégicos para veinte años, obras faraónicas, y a dar opiniones sobre temas que desconoce.
Ya padece lo que sicológicamente se llama «desarrollo paranoide». Todo el que se opone a él o a sus ideas, es un enemigo personal. Y no sería raro que entre sus colaboradores más cercanos ya se hayan dado muestras de una “paranoia o trastorno delirante» que consiste en «sospechar de todo el mundo» que le haga una mínima crítica, Ya ha alejado por ello a varios de su entorno.
AMLO ya dejó de escuchar a quienes lo rodean. Por eso se ha vuelto imprudente, toma decisiones por su cuenta, sin consultar porque cree que sus ideas son correctas. Y aunque finalmente se descubra que son erróneas, nunca reconocerá la equivocación. Se siente llamado por el destino a las grandes hazañas: el salvador de México… el “hermano mayor” de América Latina.
López Obrador ya ejerce el poder demencialmente.
Entre los mexicanos informados la palabra más utilizada para describir la política actual es la animadversión, sino es que hasta la antipatía monda y lironda. Incluso circulan conceptos tan dispares como desorientación, decepción, insatisfacción, enfado e incluso encabronamiento y alienación.
Hay una inconformidad creciente hacia AMLO y hacia sus muy cuestionables decisiones económicas y políticas. Contra sus dichos, incluso.
El más criticado y cuestionado de estos días ha sido el de cuidar a los miembros de las bandas delictivas, porque también son humanos.
¿Se trata acaso de la confesión de su complicidad con los maleantes? ¿Es cierto que ellos le cuidan en las giras y aportaron recursos para sus campañas?
¿Y las víctimas tienen o no tuvieron derechos?
López Obrador ya ejerce el poder demencialmente.
Y no hay contrapesos ante esas posiciones de locura.
¿Hasta dónde vamos a llegar?
¿Hasta dónde vamos a permitir que llegue?
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