Enrique Escobedo  

Los mexicanos que vivimos sobre todo en las urbes nos sentimos acosados y vulnerables por todos lados. Veamos. Por un lado, está presente el temor a ser asaltados en calidad de transeúntes, ya sea con violencia o sin violencia. También sabemos que hay asaltos y robos a casa habitación, a comercios, a bancos, a automovilistas y a pasajeros.   

El mundo de la cibernética cada día se diversifica más y hoy hablamos de categorías tales como ciber terrorismo, ciber guerras, ciber espionaje y ciber robos. Se trata de una modalidad de acciones ilegales realizadas por expertos que manipulan los sistemas informáticos “hackean” e invaden nuestra privacidad, ya sea a nuestros teléfonos celulares, tabletas o computadoras, ingresan a nuestras cuentas bancarias y tarjetas de crédito y sin darnos cuenta vacían los ahorros que con tantos esfuerzos logramos. 

Es una nueva forma de delincuencia que ya está tipificada como delito y que se combate desde las áreas de inteligencia de la policía cibernética y cuenta con el apoyo de la Asociación de Bancos y otras instituciones tales como las fiscalías, las fuerzas armadas e incluso Interpol. Es un crimen sin violencia que crece y evoluciona todos los días. También es un negocio para las compañías que diseñan antivirus a fin de proteger nuestros equipos. Incluso he escuchado el rumor de que son esas compañías las que desatan los virus informáticos.  

El otro día vi un par de drones sobrevolando por mi colonia y me preocupé. Ya que en algunos casos no son niños juagando, sino delincuentes que inspeccionan nuestros hogares y analizan los techos, ventanas, puertas y vulnerabilidades, ya que observan nuestros horarios y costumbres. Afortunadamente México si penaliza con multas y cárcel a quienes utilizan esos sistemas como forma de robo.  

La inseguridad que vivimos ya va más allá de salir a la calle. De hecho, las cifras del INEGI hablan que seis de cada diez habitantes de la zona metropolitana del Valle de México nos sentimos inseguros en dicho espacio.  

Además de los asaltos y robos arriba señalados, a los mexicanos también se nos roba desde la corrupción gubernamental. Ya sea mediante el deficiente otorgamiento de servicios públicos o la mala calidad de los bienes que adquiere la Administración pública y que sirven de infraestructura. Por ejemplo, el cemento de las banquetas y calles o la calidad de la infraestructura con la que se construyó la línea dorada del Metro. 

Los mexicanos somos víctimas permanentes de robo en sus múltiples variantes. Se nos roba información cuando el gobierno maquilla cifras y oculta muertos por Covid o cuando secuestra los estudios de impacto ambiental a fin de construir el Tren Maya. Incluso pagamos sobre impuestos indirectos, que es otra forma de robo, al vernos obligados a pagar propinas a quienes otorgan el servicio de limpieza, pues el gobierno no considera asalariados a quienes brindan ese servicio.   

En fin, somos víctimas de todo tipo de truhanes, maleantes, estafadores, ladrones y burócratas. Las medidas preventivas que tomamos a fin de cuidar nuestro patrimonio son gastos elevados y son parte de nuestro presupuesto anual. Sinceramente vivo a la defensiva, con desconfianza y tenso por esa situación. En otras palabras, la protección y la calidad de vida que son responsabilidades del Estado está ausentes y mucho me temo que la realidad ya desbordó a este gobierno que propuso como política de seguridad pública abrazar a la delincuencia y según ese credo transformar a fin de que gocemos un México mejor. Vaya forma de vulnerarnos.