El pasado 9 de mayo, en Cosoleacaque, Veracruz, fueron acribilladas Yesenia Mollinedo Falconi, directora del medio local El Veraz, y la camarógrafa Sheila Johana García. Es decir, son dos más a la lamentable cuenta de periodistas asesinados en un año macabro: once y sólo vamos en mayo. En cinco meses, el 2022 se ha convertido en el año con más comunicadores asesinados en la administración de López Obrador (rebasando al 2019, donde se registraron 10 homicidios contra periodistas). 

Este tipo de noticias —cada vez más dolorosas de tanto que se repiten— parecen molestar al titular del Gobierno Federal cuando se le presentan en los turnos de preguntas de sus mañaneras. El 10 de mayo, un día después del doble crimen de Mollinedo y Olivera, en lugar de iniciar la conferencia con algún pronunciamiento para lamentar los asesinatos y recordar a las víctimas, el presidente (que parecía apurado por terminar el coloquio) empezó diciendo: “Buenos días. Bueno, pues, antes que nada, nuestras más sinceras y afectuosas, cariñosas felicitaciones a las mamás” y avisó que tomaría pocas preguntas para dar pie al grupo musical “Veracruz me llena de orgullo” que interpretaría algunas canciones para celebrar el Día de las Madres. 

Lúgubre coincidencia, Veracruz es el estado con más periodistas asesinados en lo que va del sexenio. De 36 homicidios registrados en la presente administración federal, 7 han tenido lugar en la entidad gobernada por el morenista Cuitláhuac García. Uno de los problemas que genera la postura de confrontación del Primer Mandatario hacia los medios de comunicación que le son críticos, es que sirve de ejemplo para sus acólitos y colegas de causa. Tal es el caso de Cuitláhuac quien, después de que un reportero cuestionara sus resultados en materia de seguridad señalando que “con todo lo que están haciendo, siguen asesinando periodistas”, el gobernador contestó: “¿Y?, no es nuestra responsabilidad” porque, según él, su labor consiste en ir tras los culpables y no en evitar que esos homicidios sucedan… Al parecer Cuitláhuac no sabe que la prevención del delito es una de las principales funciones del Poder Ejecutivo (ese que él mismo encabeza). 

El gobierno del vacío ignora que la primera obligación de cualquier gobernante o servidor público es asumir su responsabilidad. No hacerlo es un error mortal: es no entender que, en cuestiones de Estado y de poder, los vacíos se llenan.