• Durazo se va y deja una estela de violencia con 60 mil asesinatos en 20 meses 

Miguel A. Rocha Valencia 

¿Y si se supiera que Alfonso Durazo Montaño se fue a campaña en Sonora porque se lo pidieron dados los desastrosos resultados al frente de la Secretaría de Seguridad federal, y que al contrario se “convenció” a Santiago Nieto Castillo de no contender por Querétaro por serle útil a la 4T para garrotear a sus “enemigos” y disidentes del caudillo tabasqueño? 

Nada nuevo ocurriría dada la fama pública de ambos personajes. Uno, al que invitaron a bajarse del barco por inepto, se despidió afirmando que los de “antes” le dejaron un país oliendo a pólvora, pero no agregó que él lo dejaba con olor a muerte, pues en sólo 20 meses México registró la etapa más violenta de su historia reciente, con 60 mil asesinatos “oficiales”. 

El otro, desde la Unidad de Inteligencia adscrita a Hacienda pero que rinde cuentas directamente al profeta de Tepetitán, ha dado bueno frutos apretando o chantajeando a exfuncionarios, disidentes y deudores, se queda por su patente utilidad a los fines de control y recaudatorios del tlatoani de Palacio Nacional. Incluso, será factor en el golpeteo a aspirantes a cargos públicos de los partidos opositores. 

Pero, además, en ambos casos, se asegura, tendrían un proceso electoral con pocas posibilidades de triunfo. Durazo ya no regresará a la Secretaría, y Nieto será de vital importancia en el proceso que se avecina para “ablandar” a opositores incluso a la hora de sacar leyes a modo para la 4T, como ocurre actualmente. 

Así que uno, se va por inepto y al otro lo amarran por útil. Ahí están los números: Con López Obrador, 20 meses con 59 mil 451 asesinados frente a los 32 mil 576 de Peña Nieto, los 18 mil 442 de Felipe Calderón o los 22 mil 890 de Vicente Fox. Ni hablar del fallido combate a los grupos criminales y la ignorada que le hicieron en Estados Unidos en los casos de Genaro García Luna o del general Salvador Cienfuegos. 

La incompetencia e incapacidad mostradas le minaron poder; la militarización competa de la Guardia Nacional, fue la más clara señal de que si por imagen el tlatoani no lo corría, tampoco podía dejarle responsabilidades más allá de sus posibilidades. Por eso llama ahora a un personaje que en seguridad será inocuo, Rosa Ícela Rodríguez, quien de las lides de seguridad sabe lo que López conoce de ciencias, nada. 

Pero para el caso es lo mismo. La seguridad pública está en manos de quienes según dijo el pontífice macuspano, serían regresados a sus cuarteles. Se vio en la administración de los puertos; Rosa Ícela es pieza decorativa, como Olga Sánchez Cordero es en Gobernación, un rostro para los medios, pero no funcionan en lo operativo. 

Durazo va derrotado a una elección, donde si no ocurren cosas raras como que le encuentren a la gobernadora Claudia Artemiza Pavlovich Arellano trapos sucios o a los aspirantes opositores a Morena, podría conservar el PRI la mayoría y el ejecutivo de Sonora. 

Porque el hoy morenista no tiene amigo, si acaso cómplices y para él será mejor no viajar a Estados Unidos, no vaya a ser la de malas que lo detengan, pues hay cuentas pendientes de su vida en Sonora y supuestos mitos en torno a sus amistades y mentores. 

Ni hablar de los “chismes” que lo ligan con los Beltrán Leyva o gente de Ciudad Juárez, Sinaloa o en el mismo Sonora, donde de plano no es bien visto. Pero lo importante para el tlatoani era sacudírselo. ¿Imaginan a Durazo diciéndole no al peje? 

Le dieron “puerta” al sonorense, una salida “honrosa” dirían los clásicos, pero no a Santiago quien cumple “a ciegas” los mandatos del caudillo y cumple a cabalidad el encargo de doblegar a quienes tienen cuentas, no importa si viola los debidos procesos y se enoja el Fiscal General, Alejandro Gertz Manero, quien parece no entender que el fin de encontrar ropa sucia entre los “enemigos”, deudores o disidentes, no es meterlos a la cárcel, sino chantajearlos, doblegarlos, quitarlos del camino mediante el desprestigio público o la amenaza de “proceder” y caer en la cárcel, aunque sea de manera arbitraria como sucedió con Rosario Robles. 

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