Francisco Rodríguez   

Seguro habrá quien recuerde aquel programa de la televisión estadounidense que al ser copiado en México y en prácticamente todos los países hispanoparlantes se llamó “Reina por un día”.   

Tal era una serie de concursos, conducida por Carlos Amador, que brindaba una máquina de coser, un cetro y una corona a la esforzada jefa de familia que resultase ganadora.   

Un programa para un “país de una clase modesta muy jodida… que no va a salir de jodida”, como definía Emilio El Tigre Azcárraga   

Un centro y una corona similares a la de aquellos programas obtuvo, también, este largo fin de semana el bien llamado Descuartizador de Bucareli Adán (Augusto) López.   

Este otro tabasqueño “reinó” por varios días, luego de que inusitada e inopinadamente su paisano Andrés Manuel López Obrador le cediera los trastos de las jefaturas de Estado y de gobierno, en tanto él –aparentemente– se otorgaba un descanso en algún lugar ignoto que esta vez pudo no haber sido “La Chingada”.   

Y digo aparentemente porque –con perdón de la siempre nerviosa señora Vilchis, a quien se conoce como “la señora de las mentiras”– estos días que fueron de asueto para muchos bien pudieron ser aprovechados por AMLO para un internamiento hospitalario y un chequeo médico a profundidad, tal vez hasta para una cirugía.   

Su escasa actividad en redes sociales, la ausencia de imágenes que habitualmente “sube” los fines de semana, provocan la interrogante: ¿dónde pasó los llamados días santos el jefe del Ejecutivo Federal mexicano?   

¿Acaso en Cuba que, según él, es un lugar ideal para vivir?   

¿Tal vez en el Hospital Central Militar?   

De no haber sido así, ¿por qué si sólo iba a “escaparse” un par de días dejó el gobierno encargado a su secretario de Gobernación, como si su ausencia fuese a prolongarse por días, semanas, tal vez hasta por meses?   

En todo entromete sus narices (sic)   

Ni quien lo dude. Adán (Augusto) López goza de todas las confianzas de AMLO.   

Muchas más de las que le inspiran Claudia Sheinbaum, a quien cada día observa más ineficiente…   

… Marcelo Ebrard, que ni mandado a hacer para los mandados, pero nada más…   

… y –claro– Ricardo Monreal, víctima de las ineficacias y los chismorreos de la jefa del gobierno de CDMX.   

Ha sido por órdenes directas de su jefe que este otro tabasqueño ha metido su nariz en cuanta institución aparentemente soberana o autónoma existe en nuestra legislación.   

Fue, por ejemplo, el diputado 501 durante las discusiones en torno a la frustrada reforma eléctrica, lo mismo que en las que antecedieron a las abortadas leyes electorales.   

Igual fungió como el senador 129 en las sesiones previas a los cambios que no fructificaron en las materias arriba mencionadas.   

Se hizo el aparecido en la Suprema Corte de Justicia de la Nación poco después de la elección de la ministra Norma Piña como presidente del máximo órgano jurisdiccional y, de acuerdo con ciertas filtraciones, se llevó un palmo de narices ante las insinuaciones escasamente reflexivas sobre la honestidad de los juzgadores.   

Igual le sucedió, apenas, cuando quiso que los consejeros del INE acudieran a sus oficinas en Bucareli para darle las buenas nuevas de la insaculación de la nueva consejera presidente Guadalupe Taddei, a lo que aquellos se negaron y le dijeron que si quería la reunión debería celebrarse en las instalaciones de Viaducto Tlalpan y Periférico Sur.   

https://www.indicepolitico.com / indicepolitico@gmail.com / @IndicePolitico / @pacorodriguez