Carlos Ramos Padilla

Es como la antítesis: en derechos humanos se violando los derechos humanos. Al menos 26 trabajadores del área de Comunicación Social y distintas visitadurías denunciaron un despido masivo injustificado además de maltrato y acusaron que en esta institución se violan las garantías individuales de su personal.

Benjamín García, me hizo llegar un documento en donde señala que el viernes 19 de agosto fue notificado por un mensajero del Administrativo de la Dirección General de Comunicación Social, Enrique Nicolás de Anda Flores de que este lunes acudiera a las oficinas del Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje.

La carta señala que “al llegar a dichas oficinas se me mostró una lista en la que estábamos una veintena de personas de distintas áreas para ser liquidadas sin mayor explicación”.

Por las burdas formas y la carencia de elementos concretos para el despido no sólo le coartan su libertad de expresión, además de que le retiran la prestación de servicios médicos para atender a su esposa que padece una enfermedad crónica terminal.

La titular de la CNDH, Rosario Piedra, ha declarado que no se toma ninguna decisión en la Comisión sino la da ella y entonces elimina la conducta de «la defensa de los derechos humanos entre ellos la libertad y democracia sindical y laboral», pero anticipó que a todo despido se procede a entregar una indemnización “de acuerdo a la ley”.

Desde el inicio del sexenio la CNDH se ha venido desplomando por la torpeza con la que se conduce su “presidenta” que sabemos llegó ahí por un pago político que le hizo AMLO a Rosario Ibarra de Piedra y por ser hermana de un guerrillero que para la izquierda radical representa un héroe ante un sistema “represor y autoritario”.

En estos días, la CNDH ha guardado un impresionante silencio ante la falta de auxilio y atención a las víctimas del huracán en Veracruz en donde, por cierto, desde su puerto, están saliendo toneladas de ayuda humanitaria a Haití y a Cuba.

Tampoco la CNDH se ha pronunciado por la crisis de inmigrantes ilegales precisamente haitianos en Chiapas que están desbordando la capacidad de atención de las autoridades mexicanas con aquello de “fronteras abiertas”.

En Tapachula la invasión de extranjeros es dramática, no hay controles sanitarios ni de seguridad, y las calles ya están atestadas de comerciantes ambulantes y de informales que venden todo tipo de productos sin intervención del gobierno.

La incompetencia de Rosario Piedra es evidente y su desconocimiento de las políticas públicas es notorio hasta en su torpe forma de expresarse.

Sólo falta que por reflejo emocional que AMLO la presente en breve como presidenciable, ya sabemos cómo se las gasta y más cuando guardan conveniente silencio, por ejemplo, hasta en el asunto de los deudos del colapso del Metro.