• AMLO anestesia sus frustraciones con enojo y puñetazos sobre la mesa 

Francisco Rodríguez 

Paulatinamente, México lo está volviendo agrio.  

Aparece en las mañaneras cada vez más enojado.  

Cualquier cosa que lo contradiga lo saca de sus casillas.  

Peor, si la realidad es la que no se amolda a sus sueños que para todos los demás son pesadillas.  

Cada vez más el señor López Obrador evidencia que no es el líder que sepa controlar sus emociones.  

Éstas lo rebasan.  

Trasciende que da puñetazos sobre la mesa, al tiempo que llama la atención a quienes emplea en cargos públicos. 

Trata de imponer su voluntad –sin conseguirlo– con admoniciones tormentosas: “¡llueve, truene o relampaguee!”, sólo por citar una reciente.  

Amenaza con desdén y valemadrismo: “No quieren que vayan sus hijos a la escuela, pues no los manden”.  

Se exaspera: “Me tienes cansado”, le dijo a López-Gatell.  

Y miente a la menor provocación. “El INE no ha promovido la consulta”  

¡Ah, cómo miente!  

Y manipula: Iba a votar que no en la sierra de Nayarit, pero –otra vez– el INE no instaló casillas especiales.  

¿Y el pacto de impunidad con los ex? 

¡Hoy debió haber despertado con un humor de todos los diablos!  

La consulta popular a modo fracasó en su objetivo.  

Ni de chiste se consiguió el mínimo de votos para volverla vinculante.  

Y rodó estrepitosamente la mentira proferida desde el púlpito:  “¡… para enjuiciar a los expresidentes!”  

¿Cómo es que iba a enjuiciarlos si existe, firmado por él, un pacto de impunidad?  

¿Cómo los enjuiciaría si la alcahueta Corta de Justicia convirtió a la interrogante en un galimatías que el promedio de quienes ayer acudieron a las mesas ni siquiera entendió?  

Sólo propaganda y nula movilización  

Como en las elecciones de hace casi ya dos meses, le fallaron sus operadores. En la capital nacional Claudia Sheinbaum y Mario Delgado. En las entidades federativas, los superdelegados. Todos demostraron, una vez más, que sirven lo mismo que aquello que se le unta al queso.  

Hubo acarreo, claro que sí. Compra de voluntades, por supuesto. Condicionamiento de apoyos sociales. Lo de siempre. Pero la asistencia a las mesas fue exigua.  

Propaganda, por el contrario, sí que hubo. Morenistas pagándola en las redes sociales. Y él mismo, desde el púlpito, casi todos los días, violentando las disposiciones legales de no difusión de los “éxitos” de la fallida Administración.  

Pero el resultado no fue lo que él esperaba.  

Y de ahí el enojo.  

Así anestesia sus frustraciones. Y ahora durante semanas habrá reclamos y catilinarias contra el INE, contra los conservadores, contra los medios y contra quienes en ellos nos desempeñamos, contra las clases medias ilustradas…  

Y enojado siempre toma ya no sólo malas, sino peores decisiones.