Hace casi una década, tras las elecciones de 2016 en EE.UU., Ilse Hernández se fue a dormir esperando que los resultados que apuntaban a la victoria de Donald Trump no fueran definitivos. Ahora, con años de activismo y ante la posibilidad de que el republicano regrese a la Casa Blanca, siente que el ciclo se repite.

“No estoy sorprendida, pero sí un poco exhausta y desesperanzada de tantos ataques a nuestra comunidad”, señala Hernández, beneficiaria del programa DACA, que otorga estatus legal a migrantes llevados a EE.UU. cuando eran menores y que Trump (2017-2021) ha prometido eliminar.

El presidente electo ha anunciado su intención de llevar a cabo la mayor operación de deportaciones en la historia del país, así como reducir drásticamente la entrada de migrantes y solicitantes de asilo.

Texas, con un gobierno alineado con Trump, está en el centro de esta transformación migratoria. Es el segundo estado con mayor población indocumentada (1.6 millones de personas, solo superado por California) y abarca casi dos tercios de la frontera entre EE.UU. y México.

El recuerdo del legado de su primer gobierno, en donde se obligaba a los solicitantes de asilo a esperar en México a que sus casos fueran procesados y se separó a padres y madres de sus hijos en los centros de detención para disuadir la migración, aún está presente.