Un nuevo enfoque terapéutico para hacer frente al COVID-19 se centra en la respuesta celular del cuerpo ante el virus, en lugar de luchar directamente contra él, con lo que se ha conseguido, en células de laboratorio, reducir la propagación de la infección en un 99.5 por ciento.

Esta nueva estrategia contempla la combinación de dos fármacos que, si se considera segura para el uso en personas, no impediría la infección, pero los síntomas serían mucho más leves y aceleraría la recuperación, indica un estudio que firma un equipo de la Universidad de Cambridge, dirigido por la española Nerea Irigoyen.

Los enfoques actuales para tratar la infección se dirigen al propio virus con fármacos antivirales, mientras que este se centra en la reparación de los daños celulares y es eficaz en modelos de laboratorio.

El virus que causa el COVID-19 activa una respuesta en nuestras células y el equipo descubrió que las tres ramas de una vía de señalización denominada “respuesta a las proteínas desdobladas” (UPR, por sus siglas en inglés) se activan en las células cultivadas en laboratorio infectadas por el SARS-CoV-2.

Además, comprobó que la inhibición de la UPR para restaurar la función normal de la célula mediante fármacos reducía significativamente la replicación del virus, según el estudio que publica Plos Pathogens.