René Cervera

Los abuelos decían que no hay mal que por bien no venga y mi padre afirmaba después de una experiencia “Si aprendiste algo es una inversión si no aprendiste nada fue un gasto” y esto es aplicable a lo que sucede actualmente en el mundo.

Junto al modelo económico que conocemos como neo liberalismo ha existido la concepción ideática de exportar e importar de tal manera que lo idóneo a su entender es exportar zapatos, aunque el pueblo este descalzo, pagar para que los trabajadores tengan huaraches e importar botas para quienes tienen mayor poder adquisitivo.

Quitar los aranceles comerciales ha sido una obsesión de los grandes capitales, lo cual implica cuestionar la soberanía de los Estados nación para poner todo el mapa del orbe como una sola entidad que funciona como tienda. Quitar fronteras es un sueño valido para los románticos, un anhelo acariciado para quienes cuentan con los recursos financieros que les permiten importar barato, exportar con grandes ganancias, trasladar capitales y a través de las iniciativas privadas promover movimientos políticos a su gusto sin un Estado nación regulatorio.

Un mundo bajo mando único es deseable para quienes tienen el sartén por el mango y una pesadilla para quienes deseamos vivir con solidaridad internacional, con pluralidad de ideas políticas e intercambiar mercancías en un contexto controlable de acuerdo con una plataforma política de Estado.

Una cosa es desear vivir en un planeta solidario con el cual intercambiar ideas, aspectos culturales y mercancías y otra es llenarnos de acuerdos internacionales que nos sujeten a visiones que no nacen de nuestra experiencia.

La situación generada por la importación y exportación involuntaria de virus mortales y sus consecuencias económicas ha dado lugar para que los mismos empresarios que recientemente proclamaban la minimización del Estado, ahora reclamen un Estado fuerte que los rescate.

Son las crisis las que nos dan la coyuntura para reflexionar sobre el modelo a seguir, revisar las políticas migratorias, proteger el trabajo de sus ciudadanos prioritariamente.

Tener en cuenta que si los poderes de facto rebasan los poderes electos la democracia pierde su sentido, tomar en consideración que los Estados nación tienen raíces indisolubles al igual que la familia.

Tener presente que el bienestar social se descontextualiza si abre sus fronteras indiscriminadamente, y finalmente ni los migrantes ni los habitantes originales gozaran de los beneficios de un Estado socialmente responsable, sino se ponen normas de control.

La existencia de territorios con diversas políticas sociales, nos permiten comparar resultados, hacer analogías y vivir en un marco de pluralidad y si bien debemos entender que la tecnología hace inevitable los espacios compartidos entre diferentes entidades nacionales y culturas, es importante entender que podemos compartir bienes materiales y espirituales sin ceder al derecho de tener una identidad personal cultural y nacional.

La proliferación de fundaciones aparentemente filantrópicas tiene diversas intenciones y una de ellas es incidir en las políticas del mundo sin pasar por procesos electorales.

Hemos llegado a mecanismos electorales que son absurdos causados por la ausencia de una definición en el alcance de nuestros derechos nacionales  y territoriales, por ejemplo quienes nacimos en la Ciudad de México podemos votar por el o la jefa de gobierno de la ciudad de México si nos mudamos a Nueva Zelanda , pero no si nos vamos a Puebla y si este fuera el caso igual estaríamos interviniendo la vida de una sociedad a la que ya dejamos, en otras palabras no encuentro la justificación para que nos escoja la novia quien no se va a casar con ella.                  

La   imposición que obliga a competir propia de un modelo económico que le da campo de acción a la avaricia, ha dado lugar a poner bajo sospecha la aparición (quien sabe que tan repentina) de virus que nacieron precisamente en la nación encaminada a ser la economía número uno.

Ahora que los humanos nos hemos resguardo en nuestras casas la tierra está renaciendo, sin embargo, no es la solución dejar de ser gregarios, pero si actuar conscientemente de que debemos convivir, pero sin invadir otras conciencias, que si bien el mundo es un hogar común hay un espacio de primera responsabilidad que es en donde vivimos, en la inteligencia de que si somos responsables de cada espacio que compartimos la suma será sanamente satisfactoria.

Debemos rehacer nuestras normas para tener el mayor control posible de lo que suceda a distancia de la misma manera que otros pueblos puedan hacerlo sobre lo que sucede acá, bajo denominadores de entendimiento común como lo es la ecología.

La sociedad organizada democráticamente genera salud de manera preventiva y me refiero a un Estado democrático, (léase territorio sociedad y su gobierno), es más eficaz ver en la salud rentabilidad social, que confiar en empresas privadas que ven la salud como instrumento de ganancia.  

 Es necesario poner en cuestionamiento aun las más firmes convicciones y ratificarlas o rectificarlas constantemente.

Cuando después de la tempestad venga la calma pensemos en un mundo con fronteras que se abren para dialogar, que otorgan los refugios necesarios, que comparten sus fórmulas exitosas que canjean mercancías y cultura, pero sin perder su identidad.