Vladimir Galeana Solórzano

En este país existe un respetable personaje que ha sido bienvenido en los eventos protagonizados por el presidente de la República. Resulta extraño que un tipo así tenga derecho de picaporte en Palacio Nacional, pero lo peor es que ni siquiera es mexicano, por el contrario, es un extranjero que representa a una de las bandas delincuenciales más agresivas que cohabitan en la Capital de la República. Entiendo que cuando un hombre detenta el poder muy poco le importa lo que digan sus adversarios políticos, pero creo que al menos debiera existir un poco de decoro y no un cinismo que raya en lo patético.

Andres Manuel López Obrador ha sido un hombre de excesos, a la vez que un excelente financiero que ha gastado miles de millones de pesos haciendo mítines en todos los rincones del país sin que sepamos de dónde salieron, quien se los proporcionó, como los obtuvo, y porque tantos desplantes con actitudes cargadas de un brutal cinismo que incluso le han perdonado sus más conspicuos seguidores y admiradores. Habrá que decirlo con claridad, es una circunstancia que difícilmente puede asumir un pueblo que presuntamente tiene niveles de cultura por encima de los demás países del Continente, con excepción de Estados Unidos y Canadá.

Resulta inexplicable que por el hecho de ser compadre de un hombre que es acusado de forma directa de cinco violaciones con lujo de violencia y en estado etílico, lo mantenga como candidato del Movimiento de Regeneración Nacional a la gubernatura de uno de los estados más emblemáticos del país como es Guerrero, donde se consumó la independencia y se le dio forma a esta nación en el Congreso de Chilpancingo organizado por José Maria Teclo Morelos y Pavón, quien por ello recibió el título honorífico de “Siervo de la Nación”.

Mientras el presidente de la República departía amablemente con uno de los hombres más peligrosos del mundo, y uno de los más acusados por diversos delitos, las protestas de miles de mujeres fueron agredidas por grupos organizados que responden a las instrucciones precisas que les dictan los principales actores del Movimiento de Regeneración Nacional. Lo más patético fueron las redadas que organizó la Jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum, porque sus operadores emplearon una brutal violencia cercándolas en las instalaciones del metro y puestas a disposición de los jueces competentes como vulgares delincuentes.

El propio presidente de la República dio instrucciones precisas para que la Secretaria de Seguridad, Rosa Isela Rodríguez, se reuniera con el señor Florian Tudor, Líder de la Mafia Rumana, quien recibió un trato que no se le ha dispensado a ningún mexicano. No sé de dónde le sale al presidente de la República la simpatía y la cercanía con un sujeto de esa calaña que incluso su natal Rumania y Malta le anunciaron a México haber librado órdenes de aprehensión sobre este personaje al que se le atribuyen diversos delitos por encabezar negocios criminales como tráfico de drogas, trata de personas, y falsificación de tarjetas bancarias con las que ha logrado acumular una riqueza de dos mil cuatrocientos millones de dólares al año.

Las agencias estadounidenses como la DEA y el FBI han hecho saber al gobierno mexicano su extrañeza por la pasividad que han tenido con el rumano, a quien se ha negado detener con fines de extradición, y por el contrario recibe rato especial por parte del inquilino de Palacio Nacional. ¿Es tanto su poder delincuencial que cínicamente recibe un trato preferencial de amigo por parte de Andrés Manuel López Obrador? Durante mi vida periodística he relatado y criticado los excesos del poder, pero que el actual mandatario lo proteja, lo invite, y lo reciba como si fuera un representante diplomático, no lo puedo concebir. En que con lobos se junta, pronto aprende a aullar, y Andres Manuel López Obrador está demostrando que prefiere a los delincuentes como amigos, antes que velar por la tranquilidad de más de ciento veinte millones de mexicanos. Patético, ¿no?

Al tiempo. 

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