René Cervera G.*

Ahora resulta que las estadísticas afirman que el 70 % de quienes mueren a causa del coronavirus son hombres, las mismas que aseguran que en términos generales el sexo no tan débil vive en promedio seis años más que el sexo fuerte.

Hay otros datos que confirman las desventajas de ser hombres en este mundo y que no parecen consideradas en las políticas públicas.

Así como en un momento determinado de la historia todo se quería medir de parte de un sector social como la lucha de clases, y los protagonistas eran los trabajadores y los antagonistas los empresarios, o en otros momentos la lucha de occidente contra oriente o en el maniqueísmo el bien contra el mal, en estos tiempos se han manejado las cosas de tal manera que aparentemente entre el hombre y la mujer existe una seria lucha y por lo tanto dificultades de convivencia.

Un examen del pasado demuestra que sí efectivamente ha existido un mayor abuso del hombre, por causas que son más complejas que las posibles de mencionar en estas páginas.

El factor económico ha estado presente en toda etapa. El hombre como proveedor se ha dado permisos que no le corresponden en un mundo en que el más fuerte físicamente se propone imponer su ley, o dicho de manera coloquial, en un sistema económico en el que quien paga manda.

Con la evolución de la sociedad las mujeres se fueron incorporando a la política, al mundo empresarial y al trabajo asalariado, pero no ha sido suficiente. Prácticamente el derecho al voto les permitió votar sólo por hombres y el trabajo asalariado normalmente es menor al que reciben los hombres, así que efectivamente se debe seguir buscando la manera de una integración de convivencia equilibrada.

Con el papel masculino de ser el proveedor, por muchos años nos hicieron pensar que la calidad y la cantidad de mujer a la que el hombre podía aspirar dependían de sus ingresos económicos. De hecho, se dice que la mayor prueba de lealtad es cuando el hombre enriquece, porque su primera tentación es cambiar de mujer; y la de la mujer es cuando el hombre empobrece, porque es cuando se siente mayormente tentada a cambiar de pareja.

Alguna vez leí en un texto de redes sociales el mensaje de que los hombres deben de entender que la mujer no es un objeto sexual, y las mujeres deben comprender que el hombre no es un cajero automático.

Hay un proverbio muy francés que dice: “Cuando la pobreza entra por la puerta el amor se sale por la ventana”.

Desde luego que en la relación de pareja a la que nos referimos, hay diversidad de factores a considerar, pero la económica es una constante y debemos tener cuidado de que no se den cortinas de humo que no permitan poner al centro del problema la economía.

Lo que viene al caso en relación con la pandemia, es que un amplio sector del feminismo nos pide que la cuestión de genero sea transversal en toda nuestra reflexión, y esto debe incluir una respuesta del porqué los hombres vivimos menos, estamos más expuestos a morir en esta pandemia y cuáles son las medidas preventivas de género.

Actualmente la situación es muy dispareja. Existen casas de apoyo a la mujer y nada más. En las comisiones de la diputación local, federal y en el senado de paridad de género -presididas por mujeres- la lógica matemática dice que, si se trata de paridad, debe haber el mismo número de hombres que de mujeres o viceversa.

Si los asuntos de género deben de ser transversales, los mayores riesgos de perder la vida de los hombres deben de causar un cuestionamiento ¿Por qué? Encontrar su origen y la solución. Si alguien afirma que los problemas de la mujer son causados por el patriarcado, entonces el patriarcado, o lo que quien escribe más bien diría el autoritarismo nos mata a todas y a todos y evitarlo debe ser asunto de ambos lados.

Si lo que sucede es que la genética masculina es más vulnerable a enfermedades mortales, en consecuencia, debe haber hospitales que atiendan las especificaciones masculinas y medicinas apropiadas para nuestra estructura genética, conozco el hospital de la mujer, pero no el hospital del hombre.

La ley general para la igualdad de la mujer y el hombre define en El artículo 5 fracción 1 las acciones afirmativas como el conjunto de medidas de carácter temporal, correctivo, compensatorio y/o de promoción encaminadas a acelerar la igualdad sustantiva entre hombres y mujeres.

En qué momento se declarará la igualdad sustantiva, no está claro. Se parece a la premisa de que primero se genera riqueza y luego se reparte, sin que hasta la fecha quede especificado en qué momento se genera suficiente riqueza para empezar a repartir.

Desde luego que deben considerarse desigualdades no sustantivas como el embarazo para realizar acciones concretas al respecto, pero si se trata de acciones compensatorias alguna debe de haber para compensar la mayor vulnerabilidad masculina en cuestión de salud.

Sin equilibrios sociales no hay democracia. Importante es decir que la igualdad forzada, como todo lo que es una imposición, es antidemocrática, pero al referirse a igualdad sustancial se debe referir a las mismas oportunidades, a la igualdad frente a la ley, pero existen desigualdades estructurales que deben ser tomadas en cuenta, en el entendimiento de que los bienes que se protegen son la vida con calidad, la dignidad humana en un clima de equidad social.

*Autor de la novela “El sentimiento que nos une” y director del proyecto radiofónico “La Orquesta Filosófica”.