Miguel Ángel López Farías

40 o 60 ciudades, las que hayan sido, el movimiento anti AMLO bien pudiera ser considerado como un anécdota, una marcha más de clasemedieros molestos, más si proviene de uno de los sectores más desarticulados, de corte aspiracionales e individualista pero qué hoy lanza un suave arañazo, cláxones, mantas, como si fuera desfile de primavera, y sí, prácticamente paso de noche, pero en su simiente se esconde uno de los primeros lances de un sector que ya resiente los estragos de un gobierno que chapotea en incongruencias, atado a sus fallas, a la enzima de la corrupción que poco a poco se lleva huesos y cartílagos de una 4T igual o peor de amañada que los de antes, basta con  el desfile de revelaciones en donde casi todos los del primer círculo del mandatario se dan un festín de contratos para sus cuates y compadres, ya nos quedó claro que eso de la austeridad y honradez no es lo suyo.

Podrá está clase media de México ser capaz de entender ¿Qué para cambiar las cosas se requiere algo más que un bocinazo? el sistema democrático nos fue implantado para evitar, precisamente el que el camino sea un paseo de arrepentidos y hemos padecido gobiernos que van desde los más corruptos como el de Peña Nieto hasta los que recetan eutanasias como el de ahora, se debe a qué gruesas capas de la sociedad gatean mostrando una condición subanalítica, incapaces de comprender que votar, sufragar, obliga a un interés más profundo sobre los derechos y obligaciones que los ciudadanos tienen, vamos, llevamos años lamentando nuestro camino, pero sin atrevernos a mover la piedra histórica de la mediocridad que estorba la ruta, lo político solo nos preocupa cuando nos pega en el bolsillo, cuando perdemos el empleo, cuando alarmados somos testigos del derrumbe del sistema de salud o cuando la delincuencia nos traga, y el drama se agudiza al aparecer en la escena el «omnipresente mesías» que habrá de terminar con rayo en la mano todo vestigio de corrupción y de décadas de pobreza.

Entonces, si no hemos aprendido que desde Luis Echeverría hemos cargado con presidentes que le han visto la cara a los mexicanos, es que debemos aceptar que nos acomoda muy bien ese papel de víctimas incluyendo el sacrificio de poder entrar al cielo. El fracaso de todos los presidentes ha sido ir acumulando millones de pobres mientras el país se ensancha en sus grietas con un puñado de nuevos millonarios y esto incluye a los mandatarios y toda su prole y ante esto los mexicanos hemos sido entrenados para no levantar la mirada, anclados al sillón y desde ahí escupir toda nuestra rabia.

¿Qué hará la deferencia entre estas protestas estilo redes sociales y un ejercicio más efectivo para provocar que nuestra realidad cambie? Porque si algo es cierto es que México está partido en mil pedazos y peligrosamente desarticulado, y está condición es oxígeno puro para los iluminados, pues su proteína es el discurso que ensancha las diferencias, de ahí la fuerza de sus ejércitos, mismos que alimenta con limosnas pero qué son muy efectivos para ganar elecciones, pero ojo, insistiré en que AMLO no es más que producto de años de hartazgo, el mismo encontró el ADN del discurso político para llegar al nervio de los descontentos, así que lo que hoy se exige puede tener toda la razón, pues tratar de excusar al mandatario por la colección de fallas y dislates es tarea imposible y buscar la solución de todo con su salida es comportarse como aficionados de fútbol pidiendo que corran el director técnico de la Selección sin atender las causas que provocan que juguemos como equipo de barrio y no como una nación que aspire a ser potencia.

Para que el barco nacional tome buena ruta es necesario reconocer que México sangra por la brutal injusticia social y que mientras muchos no tengan ni para comer y pocos naden en dinero seguirán brotando los iluminados en una espiral de destrucción para nuestro país.