René Cervera G.

En el pasado aún reciente hubo generaciones enteras fascinadas con el diagnóstico del marxismo a los problemas sociales y las propuestas de cambio, lo cual tuvo un impacto muy serio en el mundo, millones de personas murieron por esta creencia en un mundo mejor y distinto.

La visión de los anticomunistas suele ser parcial; en sus estadísticas suelen salir los miles o millones que murieron en el estalinismo o el hambre que se genera en los países que fueron gobernados por el marxismo. No alcanzan a ver los millones que mató el fascismo o el sufrimiento que causa el bloqueo económico a los países que se atreven a ser distintos a lo que el gran capital les dicta.

La visión de conservadores, liberales y neofascistas es siempre hacia arriba, ven lo que perdieron aquellos que tuvieron mucho, o más que regular, sin ver lo que ganaron aquellos que no tuvieron casi nada con estos regímenes. Sin embargo, estoy de acuerdo en algo sustancial con estos pensamientos, el marxismo al igual que cualquier otra doctrina, si se practica dogmáticamente, no funciona.

En América Latina fuimos muy pocos, pero realmente pocos, los que pensamos que las metas del comunismo en lo que toca a evitar la explotación del trabajo, y alcanzar una sociedad con equilibrios económicos, se podían construir no imponiendo la dictadura del proletario sino a través de la profundización de la democracia.

Quienes nos identificamos con el revisionismo marxista, con Edward Bernstein, Ferdinand Lasalle, Jean Jaurés, Olof Palme, Bruno Kreisky, Leonel Brizola, entre otros muchos, entendemos que en donde gobierna el gran capital no mandan los electores. Comprendemos que si los poderes de facto rebasan a los poderes electos, la democracia pierde su sentido. Que si hay democracia, el Estado es territorio sociedad y su gobierno, y si es dictatorial el Estado es el gobierno, su territorio y su sociedad.   

En el discurso popular se dice que el sol es democrático porque sale para todos, la muerte es democrática porque no distingue clases sociales, un servicio es democrático si está al alcance de todos.

La democracia es una evocación de libertad, equidad, igualdad jurídica, universalidad en la integración social. Es sinónima de tolerancia, conlleva responsabilidad social, actitud para compartir y está acompañada de reflexión política, propuestas de vida colectiva, equilibrio republicano, opciones versátiles de producción y de consumo, así como de espacios públicos y privados; es un espacio en el que la propiedad pública puede ser un medio pero no es el fin.

En la democracia hay disposición para reglamentar la coexistencia, en la inteligencia de que algo de cada uno es para los demás y algo de los demás es para cada uno. Alejandro Dumas lo manifiesta de mejor manera en su libro los tres mosqueteros cuando imprime la frase: “Todos para uno y uno para todos”.

En la democracia no hay tabúes, todo es cuestionable y tiene como principio que el interés general está por encima del interés particular, pero sin perder de vista que se debe procurar el bien de cada uno de quienes componen la sociedad. La democracia da lugar al desarrollo de voluntades, pero no de caprichos.

El antagonismo de la democracia está en el autoritarismo, el patriarcado es autoritario y el matriarcado también, el homicidio es un delito tan grave como el feminicidio; exigir mayor punibilidad de un lado que de otro es autoritarismo.

Los órganos de gobierno representan el sentimiento político de los electores y no son los electores los que deben obedecer los deseos de los legisladores, así que intervenir la autonomía de los partidos políticos exigiendo que postulen la misma cantidad de mujeres que de hombres por lo que llaman acciones afirmativas es violentar la voluntad de sus afiliados, por consecuencia la de los electores y por añadidura entonces el voto no es libre y les quita la responsabilidad de postular sus mejores políticos independientemente de sus gustos sexuales, su etnia, su edad y su género.

Hay mujeres que son más capaces en política que el común de los hombres y hay hombres que son más capaces que el común de las mujeres y por eso deberían ocupar los mejores cargos, pero no por ser hombres o mujeres.

Todo lo que obliga, engaña, manipula, chantajea o presiona el voto es antidemocrático y son las y los electores quienes deben castigar o premiar con su voto a los partidos políticos por estas decisiones.

En la exposición de motivos se recurre al argumento sobre el rezago histórico de la mujer, y es cierto, siempre hay quienes tienen que partir con desventaja social, igual sucede con los trabajadores, con los jóvenes o grupos étnicos, pero es la elocuencia el instrumento de todo demócrata lo que debe actuar y no la imposición.

Alguna vez en un debate un consejero electoral me hizo ver que el 53 por ciento de la lista nominal de electores son mujeres, a lo que contesté que precisamente lo que estoy pidiendo es que ese 53 por ciento al igual que el 47 por ciento restante vote libremente.

Elegir diputados o diputadas por una extensión territorial es un acto ajeno a la democracia. Lo que autoriza a un legislador a representar un sector electoral es la coincidencia ideológica y no la vecindad. En donde participan muchos partidos políticos lo más común es que quien represente al distrito electoral lo haga con un porcentaje muy bajo de aprobación.

Lo mejor es que el partido proponga sus mejores cartas en el marco de un sistema de representación proporcional y sea la convicción de sus propuestas lo que motive el voto, más que con talante personal se dé el debate en los congresos.

Lo que nos hace ser parte de un Estado nación es la proyección de un futuro en común, vivir en democracia es participar en la construcción social, es ser actor en nuestra historia, vivir bajo las mismas leyes, escoger nuestras autoridades.

El voto a distancia es intervenir una vida que ya no es la nuestra, se puede entender que los residentes temporales puedan votar las autoridades que los acogerán a su regreso, pero no se vale intervenir vidas con las que ya no compartes la consecuencia de tus decisiones.

El voto a distancia es un gasto económico porque tiene poca respuesta; es una incongruencia no admitir que voten los que viven en una alcaldía en otra a la que no pertenecen, pero sí cuando habitan en el extranjero.

La democracia exige espacios colectivos para influir por lo que nos afectan, pero son los mismos lectores foráneos los que comprenden que no existe el derecho a elegir por impuestos que no van a pagar y por autoridades que no van a sufrir. 

En todo momento histórico hay un discurso hegemónico que inhibe la controversia. Si expresamos con sinceridad corremos el riesgo de no estar a la moda , de ser señalados como machistas, misóginos, xenofóbicos o fascista en el caso contario de feminazi, pero considero que estamos a tiempo de poner al centro de nuestras preocupaciones, la búsqueda de la equidad social, la universalidad de derechos, el ejercicio de nuestra identidad siempre y cuando no agreda la de otros, en un mundo en donde todos tenemos acceso a satisfacciones materiales, al ejercicio de nuestra espiritualidad, en el que somos iguales ante la ley.

En donde damos por hecho que la democracia es una búsqueda constante, los efectos de la discriminación se anulan.  

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