Víctor Hugo Islas Suárez 

Nicolás de Bari nació en el seno de una acomodada familia cristiana alrededor del año 270 d.C. en la ciudad griega de Patara (la actual costa sur de Turquía). Eligió ser sacerdote y luego se convirtió en obispo de Myra, una pequeña urbe romana que hoy se llama Demre (también en Turquía). No necesitó renos ni un trineo para volverse una de las figuras más veneradas por los católicos y cristianos de la Edad Media, y aún hoy miles de personas le rinden culto en todo el mundo, es patrón de los niños, personas condenadas injustamente, marineros, prestamistas, y prostitutas (dato que suele ser no mencionado por la iglesia), y hasta de naciones como Rusia, Grecia y Turquía. 

Sobre Nicolás se han escrito infinidad de historias, incluso en algunas versiones se duda de su existencia real, Está representado como un hombre de tez muy blanca, pelo escaso y barba abundante, ambos encanecidos. Usa túnica de obispo o capa roja con plateado y casi siempre está rodeado de niños. ¿Coincidencia? Por supuesto que no. 

Desde pequeño vivió rodeado de comodidades económicas, al morir sus padres heredó una cuantiosa herencia, la cual utilizó para ayudar a todo aquel que lo necesitara, además de habituarse a repartir juguetes, dulces y otros regalos a los niños durante el invierno, cuenta la leyenda que se convirtió en obispo en Mira por un golpe de suerte, resulta que el anterior falleció y cuando los demás sacerdotes y obispos deliberaban quién sería el sucesor dijeron: “El siguiente sacerdote que entre al templo será el elegido”. Y adivinen quien venía llegando tan campante a una reunión cotidiana y salió de ahí estrenando investidura. 

Otra anécdota que se cuenta acerca de él es la de un padre que tuvo que prostituir a sus tres hermosas hijas para salir de la miseria, entonces, para ayudarlos, Nicolás deslizó tres monedas de oro que por casualidad cayeron en los calcetines que las chicas habían dejado secar cerca del fuego (práctica común para secarlos), dando origen a la costumbre de colocar botas de tela a la mano la noche de Navidad para recibir los presentes. 

Un milagro conocido es el de haber resucitado por su intercesión a tres niños que habían caído de un árbol y muerto al instante, también se le atribuye el milagro de los tres niños sacrificados para dar de comer a los clientes de un hostelero, siendo devueltos a la vida por intercesión del santo, motivo por el cual se le representa con tres niños a su lado, en una cubeta. 

Durante cientos de años, la popularidad de Nicolás no paró de crecer y alcanzaba su clímax cada 6 de diciembre, cuando se celebra su día, pero la desgracia le llegó en el siglo XVI la reforma protestante hizo que desde los años 1500 muchos países europeos abolieran el culto a los santos y con el tiempo la figura de San Nicolás fue reemplazada por la imagen de Niño Jesús, acompañado por espeluznantes seres germánicos que llevaban los regalos, pero los niños y las familias de los Países Bajos se negaron a renunciar a San Nicolás. Lo nombraron Sinterklaas y llevaron su figura a las colonias del Nuevo Mundo. 

Bowler, autor de “Santa Claus: una biografía”, ha explicado que en el mundo anglosajón no hubo un personaje que entregara regalos tras la abolición de San Nicolás hasta que un grupo formado por artistas, poetas e intelectuales intentó reformar la Navidad a inicios del siglo XIX. “Para ese entonces, la Navidad en Inglaterra y algunas colonias norteamericanas había perdido el sentido religioso. Es más, se convirtió en una celebración bastante violenta y ruda, donde borrachos asaltaban a los ciudadanos, irrumpían en las iglesias y atacaban a negros y migrantes” 

Para convertir la Navidad en una fiesta centrada en la familia y sacar a los borrachos de las calles, publicistas de Nueva York revivieron y reinventaron la figura de San Nicolás, apoyándose en la tradición que mantenía viva la comunidad holandesa en la ciudad. De ese modo, Sinterklaas que se pronunciaba como Santa Claus fue transformado en una figura secular a la que se le quitó la sotana y se le añadió un trineo jalado por renos, en poco tiempo esta nueva figura se volvió popular en Estados Unidos y terminó de diseminarse a Inglaterra y al resto de Europa gracias a los soldados de la Segunda Guerra Mundial. 

Ahora bien, si usted pensaba que yo le hablaba del gordo viejo que inventó Coca Cola y que es sinónimo de consumismo desenfrenado, pues no, esa es otra historia de engaños.