Víctor Hugo Islas Suárez
Hace unos días realicé un viaje en avión, el primero después del inicio de la pandemia, y de nuevo al escuchar las indicaciones para el despegue, algo así, “Por favor, asegúrense de que sus asientos están en posición vertical, las bandejas plegadas, las persianas subidas, los ordenadores portátiles guardados en los compartimentos superiores y los dispositivos electrónicos en modo avión”.
Es evidente que las cuatro primeras son razonables, ¿No? Las persianas tienen que estar subidas para que podamos ver si hay una emergencia, como un incendio. Las mesas retráctiles deben estar plegadas y los asientos en posición vertical para que podamos salir rápidamente del asiento en caso de necesidad. Los ordenadores portátiles podrían convertirse en proyectiles en caso de emergencia, ya que los bolsillos de los respaldos de los asientos no son lo suficientemente resistentes para contenerlos.
En cuanto a los teléfonos celulares, tienen que estar en modo avión para que no puedan causar interferencias con los aparatos de vuelo, ¿Verdad? Bueno, todo depende de a quién preguntemos.
La navegación aérea y sus comunicaciones se basan en sistemas de radio, que desde los años 20 se han optimizado para minimizar las interferencias. En cuanto a la tecnología digital que se utiliza actualmente, es mucho más avanzada que las antiguas tecnologías analógicas que se usaban hasta hace 60 años, investigaciones demostraron que los dispositivos electrónicos personales pueden emitir señales dentro de la misma banda de frecuencias que los sistemas de comunicación y navegación del avión, creando lo que se conoce como interferencias electromagnéticas.
Pero en 1992, la Autoridad Federal de Aviación de EE.UU. y Boeing, en un estudio independiente, investigaron si el uso de dispositivos electrónicos provocaba interferencias en los aviones y no encontraron problemas con los ordenadores u otros dispositivos electrónicos personales durante las fases no críticas del vuelo (los despegues y aterrizajes se consideran fases críticas).
La Comisión Federal de Comunicaciones de EE.UU. decidió crear frecuencias diferenciadas para los diferentes usos -telefonía móvil, navegación y comunicaciones de los aviones- para que no interfirieran entre sí. Gobiernos de todo el mundo desarrollaron las mismas estrategias y políticas para evitar las interferencias. En la Unión Europea, los dispositivos electrónicos activados están permitidos desde 2014.
Mientras leía esto en el hotel donde me hospedé, me surgió la duda, ¿entonces por qué se sigue pidiendo esto? Para quitarme la duda, fui a una fuente de primera mano, en el aeropuerto de regreso hablé con una sobrecargo y le pregunté su opinión sobre el uso del teléfono durante los vuelos. Afirmó que supondría un inconveniente para la tripulación de cabina tener que esperar a que los pasajeros terminen sus llamadas para preguntarles si quieren alguna bebida o algo de comer. En un avión con más de 200 pasajeros, el servicio a bordo tardaría mucho más en completarse si todo el mundo está hablando por teléfono.
Para mí (dijo ella), el problema del uso de los teléfonos durante el vuelo tiene más que ver con la experiencia social que supondría tener a más de 200 personas en un avión hablando a la vez. En una época en la que los comportamientos perturbadores de los pasajeros, incluida la agresividad, son cada vez más frecuentes, el uso del teléfono durante el vuelo podría ser otro detonante que cambie completamente la experiencia del vuelo.
Los comportamientos perturbadores adoptan diversas formas, desde el incumplimiento de los requisitos de seguridad, como no llevar puesto el cinturón de seguridad, hasta los altercados verbales con los demás pasajeros y la tripulación de cabina, que suelen identificarse como air rage (agresividad aérea).
En conclusión, el uso de teléfonos durante el vuelo no afecta actualmente al funcionamiento del avión. Pero los tripulantes de cabina prefieren no retrasarse en la prestación de servicios en vuelo a todos los pasajeros: es mucha gente a la que atender, y con esto no puedo decir más, tienen razón.








