Víctor Hugo Islas Suárez

La doctora Julieta Fierro Gossman fue mucho más que una astrónoma: fue una fuerza transformadora en la divulgación científica, una mujer que convirtió el cosmos en conversación cotidiana y que dedicó su vida a acercar el conocimiento a quienes más lo necesitaban, su fallecimiento hace unos días dejó un vacío profundo en la ciencia mexicana, pero también una estela luminosa de inspiración, pasión y compromiso con la educación.

Nacida en la Ciudad de México en 1948, Fierro se formó como física en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde también obtuvo su maestría en astrofísica, desde muy temprano, comprendió que la ciencia no debía quedarse encerrada en laboratorios ni en aulas universitarias: debía salir a las calles, a las escuelas, a los medios de comunicación, y sobre todo, a las manos de quienes nunca habían tenido acceso a ella, esta convicción la llevó a convertirse en una de las divulgadoras científicas más influyentes de América Latina.

Como investigadora titular del Instituto de Astronomía de la UNAM, Fierro realizó importantes contribuciones en el estudio del medio interestelar, sin embargo, su verdadera revolución ocurrió fuera del ámbito académico, fue directora general de Divulgación de la Ciencia en la UNAM, presidenta de la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Técnica, y miembro activo de la Academia Mexicana de la Lengua, su trabajo cruzó fronteras, tanto físicas como intelectuales, y la llevó a colaborar con instituciones internacionales como la NASA y la UNESCO.

Uno de los aspectos más admirables de su trayectoria fue su capacidad para comunicar conceptos complejos con sencillez y entusiasmo, en sus libros, conferencias, programas de radio y televisión, Fierro hablaba de agujeros negros, galaxias y partículas subatómicas como si fueran parte de una charla entre amigos. Su estilo era cálido, accesible y profundamente humano. Decía que “la ciencia es como el amor: no se entiende del todo, pero se siente”, y con esa filosofía logró que miles de personas se enamoraran del conocimiento.

Escribió más de 40 libros, muchos de ellos dirigidos a niños y jóvenes, como “La astronomía en México”, “El universo”, “La ciencia en el arte prehispánico”, y “¿Cómo ves?”, una revista que fundó y que se convirtió en referente de divulgación científica en el país, también participó en la creación de museos interactivos, como Universum, y en campañas educativas en comunidades marginadas, donde enseñaba ciencia con materiales reciclados y juegos didácticos.

Su labor fue reconocida con numerosos premios, entre ellos el Premio Kalinga de la UNESCO, la Medalla al Mérito en Ciencias “Mario Molina”, el Premio Nacional de Divulgación de la Ciencia, y cuatro doctorados honoris causa, pero más allá de los galardones, su mayor logro fue haber sembrado curiosidad y esperanza en generaciones enteras. Fierro creía que la ciencia podía empoderar a las personas, ayudarlas a tomar decisiones informadas y a comprender mejor el mundo que las rodea.

Julieta Fierro también rompió barreras de género en un campo históricamente dominado por hombres. Fue una defensora incansable de la participación de las mujeres en la ciencia y de la equidad en la educación. Su presencia en los medios, su carisma y su firmeza la convirtieron en un modelo a seguir para muchas niñas que soñaban con ser científicas.

Su partida es recibida con tristeza, pero también con gratitud, la UNAM la despidió como “Orgullo Universitario”, y miles de personas compartieron mensajes recordando cómo sus palabras les habían cambiado la vida. En un país donde la ciencia aún enfrenta desafíos de acceso y financiamiento, Julieta Fierro fue una luz constante, una voz que nunca se cansó de decir que el conocimiento es para todos, hoy, su legado vive en cada niño que mira las estrellas con curiosidad, en cada joven que abre un libro de astronomía, y en cada maestro que decide enseñar con pasión. Julieta Fierro no solo nos enseñó sobre el universo: nos enseñó a mirar hacia él con asombro, con preguntas, y con el deseo de entenderlo juntos.