Víctor Hugo Islas Suárez
Cuando vi la película “el asesino del nudo” quede impactado, no solo por pensar en que un asesino serial pudiera librar a los investigadores por 30 años, sino por que el había sido Scout, yo mismo lo fui durante 15 años de mi niñez a mi edad de 21 años, y después como dirigente del movimiento, me resulto más que repugnante el pensar que un Scout pudiera haber cometido tales crímenes.
Pero con una reflexión más profunda, debemos de recordar que la “maldad” es de naturaleza humana, que hay personas así en todos los sectores de la sociedad y que el pertenecer a cualquier asociación, religión, o club no nos hace “per se” buenas personas, y no se pueden cambiar las mentes solo por ser parte de una buena o mala familia, somos lo que somos y hay personas trastornadas en todas partes.
Prueba de ello es Dennis L. Rader quien mató a diez personas entre 1974 y 1991 bajo el dogma: «Atarlos, Torturarlos, Matarlos» (BTK, las siglas en inglés que se convirtieron en su sello), durante una treintena de años, el que parecía ser un hombre ejemplar sembró el pánico en Wichita, Kansas. Entre los años 1974 y 1991 mató a diez personas, su propia mujer sentía pánico al regresar sola a casa después de un largo día de trabajo, ni ella ni ninguno de sus dos hijos se imaginaron que el demonio que atormentó su ciudad se escondía en su propia casa.
En otoño de 1974 cometió su primer asesinato, los cuatro miembros de la familia Otero (Joseph, de 38 años, ex oficial de la Fuerza Aérea; su mujer, Julie, de 34, empleada; y dos de sus hijos, Josephine, de 11, y Joseph, de 9) fueron estrangulados lentamente con cordones de una persiana veneciana en pleno día, todos aparecieron atados de pies y manos, fue la única vez en que Dennis L. Rader mató a dos varones, el resto de los diez asesinatos que se le atribuyen fueron mujeres de entre 21 y 62 años.
Consiguió ocultarse entre la normalidad, pero su ego le hizo cometer un error, en enero de 2005, “The Wichita Eagle” publicó un artículo recordando las tres décadas transcurridas desde la matanza de los Otero y sugiriendo que tal vez BTK estaba encarcelado o muerto, esta información enfureció al asesino, quien no dudó en enviar cartas al diario, lo que no se imaginaba es que con esas cartas proporcionaría a la Policía material suficiente para que le arrestaran,
Richard LaMunyon, jefe de la Policía de Wichita cuando empezó la persecución de BTK, declaro al “Times” que siempre pensaron que el asesino era un vecino, “e incluso un miembro activo de la comunidad. Pero nunca imaginé que sería alguien tan conocido y con una vida tan pública: líder religioso y de los «boy scouts»
Además del caso BTK, los Boy Scouts of America (BSA) se enfrentan a numerosas denuncias de abuso sexual, se ha informado que unas 92.700 personas han denunciado haber sido víctimas de abusos sexuales dentro de la organización, estas acusaciones han llevado a cientos de demandas legales contra los BSA, estos casos han sacado a la luz décadas de maltrato por parte de líderes del grupo que hasta hace poco eran percibidos como modelos a seguir. La organización ha tenido que enfrentar las consecuencias de estos actos atroces, lo que ha llevado a una disminución en el número de afiliados y ha obligado a los BSA a aceptar cambios significativos en su política interna.
Este es un tema doloroso para todos los que hemos sido parte de esta organización, pero más dolorosa es para las víctimas, por ello es importante no darle la espalda, no debemos voltear la cara para otro lado y con ello pensar que no es verdad que o que no sucede, es una triste realidad que hay que afrontar para combatirla, ayudar a las víctimas, y hacer lo posible para que esto no suceda al menos en nuestro entorno, ya que nadie puede controlar el mundo, la denuncia y la preparación de las personas debe ser regla y obligación de todos los que de alguna manera estuvimos, estamos o estaremos ligados a los Scouts.






