Víctor Hugo Islas Suárez

Se podría decir que la NASA fue fundada a la fuerza. El lanzamiento del Sputnik, el primer satélite artificial de la historia por parte de la Unión Soviética, en 1957 fue suficiente razón para darle a la carrera espacial más empuje, pero no fue sino hasta que Yuri Gagarin se convirtió en el primer hombre en el espacio que se tomó la decisión más ambiciosa, llegar a la luna. Cuando el presidente John F. Kennedy anunció que el viaje a la luna iba a ser posible, fue una sorpresa para todos, incluso para quienes iban a trabajar en el proyecto, ya que todos juntos solo sumaban 20 minutos de vuelo espacial.

Nunca habían estado realmente en órbita y se les puso el reto de ir a la luna, nadie sabía cómo exactamente todo esto se iba a realizar. Pero con la presión circundante y los ánimos y confianza de John F Kennedy Kennedy se pusieron manos a la obra, la NASA entonces empezó a llamar a los mejores pilotos de prueba a sus casas, proponiéndoles el proyecto y advirtiéndoles también que no debían hablar con nadie acerca del asunto. 1 a 1 fueron llegando todos a un hotel en Houston y se registraron bajo el mismo nombre, luego de varios meses de exámenes de conocimiento y las más exigentes y extrañas pruebas físicas, y de reacción ante lo imprevisto, seleccionaron solo a 14 pilotos para el programa espacial.

 En 1965, la NASA implementó el programa Espacial Heineken, el cual consistía en cápsulas maniobradas por dos hombres y que se encargarían de orbitar la tierra para perfeccionar las tareas que se podrían requerir en el viaje a la luna, tuvieron que enfrentarse con los primeros problemas que acarreaba el hecho de movilizarse en el espacio basados en suposiciones hechas desde la tierra, las incomodidades de los trajes, las dificultades que presentaba el movimiento del cuerpo en el espacio, la maniobrabilidad de las cabinas de los objetos, en general, todos esos inconvenientes debían ser anotados para poder ser mejorados en los vuelos siguientes. Luego del programa Espacial Gemini, vino el Apolo.

El 27 de enero de 1967, durante un ejercicio de entrenamiento para el Apolo 13, 3 astronautas murieron como resultado de un fuego iniciado en la cabina, posteriores al Apolo 1, Apolo cuatro, 5 y 6 fueron vuelos de prueba no tripulados. ¿Por qué no hubo Apolo 2 y 3? Es una cuestión burocrática de nombres, pero sí existieron las misiones e incluso hubo también un Apolo 1 los vuelos tripulados empezaron con el Apolo 7 hasta el 10, que fueron misiones de reconocimiento de las órbitas terrestres. La primera misión en llegar a la luna no fue la del Apolo 11, fue la del Apolo 8, pero solamente la orbito.

El Apolo 11 fue lanzado el 16 de julio de 1969. Se necesitó un cohete de 3 etapas, en este caso el Saturno 5, para impulsar la nave a una velocidad que le permitiera al cohete escapar de la tracción que ejerce la gravedad de la tierra. La primera etapa elevó el cohete a una altitud de 68 km a una velocidad de 9920 km. Por hora, la segunda etapa empujó la nave a una altura de 176 km a 25182 km/h. La tercera etapa orbitó la tierra una vez y media antes que lo que se conoce como inyección tras lunar impulsara la nave en su curso hacia la Luna 40 minutos después.

El módulo de comando Columbia, se acopló al módulo lunar Eagle, para lo cual, debió realizar un giro de 180º. Una vez acoplados ambos módulos se dirigieron, ahora sí, a la luna. Pasar los cinturones de van halen no fue una mayor dificultad. Los cinturones de van halen subo una capa de partículas de energía cargadas que se mantienen en un lugar alrededor de un planeta Magnetizado como el nuestro, el Apolo 11 llegó a la órbita lunar el 19 de julio.

Al día siguiente, sólo Buzz Aldrin y Neil Armstrong se metieron al módulo lunar mientras Michael Collins se quedaba en el módulo Columbia. Cuando el modo lunar aterrizó en una zona llamada del mar de la tranquilidad, una Cámara situada en su parte exterior captó el descenso de Neil Armstrong en vivo y en directo. Y en la superficie, lo primero que hicieron ambos fue analizar el terreno y su capacidad para movilizarse en él. Seguidamente, Armstrong puso una placa conmemorativa y procedió a colocar las cámaras de televisión para después plantar la bandera estadounidense que, por efecto de la inercia, parecía ondear.