El Palacio de Iturbide, no era de él, se lo prestaron

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Pedro Flores

El Palacio de Iturbide, construido en la Avenida Madero, no  perteneció al emperador mexicano, sino que se lo prestaron, ahí vivió durante 18 meses, dicho edificio además ha sido Escuela de Minas, hotel y hasta vecindad, construido entre los años 1729 y 1786.

La edificación la realizó Francisco Guerrero y Torres, quien lo construyó para que fuera dote de la hija de los marqueses de San Mateo y Valparaiso, pero fue el nieto de  ellos Juan Nepomuceno Moncada quien al triunfo del Ejército Trigarante, se lo ofreció en calidad de préstamo a Iturbide, quien desde el balcón central escuchó los vítores del pueblo.

Los 18 meses que vivió el emperador en ese palacio, bastaron para que se imprimiera en la memoria histórica de México y se conociera como “El Palacio de Iturbide”, edificación que mientras se construía el Palacio de Minería, se instaló la Escuela de Minas de 1830 a 1834 y  posteriormente se convirtió en oficinas públicas.

La majestuosidad del edificio, cuyas columnas delgadas alcanzan una altura de casi 18 metros y que forman parte de los 18 arcos, rodean al patio principal, que encaminaban a las caballerizas de donde salió “Tambor”, el caballo que inmortalizó Tolsá con la efigie de Carlos IV, ahora conocida como “El Caballito”, la plaza donde se ubica lleva el nombre del escultor.

Por sus características estructurales a partir de 1851 el “Palacio de Iturbide”  fue convertido en el  “Hotel Diligencias”  que perteneció a dos Anselmo de Zaratuza, posteriormente dicho albergue fue cambiado por el nombre de  “Hotel Iturbide”, cuenta la leyenda que todas las diligencias que salían del lugar eran asaltadas y los huéspedes hasta regresaban desnudos.

Al hotel en su mejor época acudían grandes personalidades, pero fue mal administrado y decayó, todavía  María Pavegni, fue la pionera de construir Boutiques o tiendas de ropa dentro del local, en donde sus cuartos fueron alquilados como despachos a diversos personales como Bernabé Jurado, a quien en el ambiente  de tribunales lo conocían como “El Abogado del Diablo”.

Fue en el año de 1967 cuando Alfredo Harp Elu, a través de su Banco Nacional de México, lo adquirió y lo reconstruyó, basándose en su forma original, terminando la reconstrucción el 24 de mayo de 1972, dando paso a un área donde se llevan a cabo eventos de gran calidad cultural.

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