Jesús Corona Osornio 

La reforma electoral presentada por el señor López, es una trampa, y tan solo pretende perpetuar en el poder a su movimiento.  

Y va más allá de solo cambiar el nombre a la institución, que contó los votos y certificó la legalidad de la elección del 2018 en la que resultara elegido presidente el propio AMLO. 

Pretende convertir al Instituto Nacional Electoral (INE) en el Instituto Nacional de Elecciones y Consultas (INEC). 

Otros cambios, son la elección de consejeros y magistrados electorales, la desaparición de los OPLE’s y tribunales electorales locales; la reducción del número de senadores y diputados y la instauración de un sistema de representación proporcional directamente en listas estatales. 

Todas las propuestas están encaminadas a centralizar el poder en la figura presidencial, una dictadura sin dudas, se implantaría con las propuestas de López, el federalismo, la democracia, y la propia República se verían mermadas y se favorecería al partido que tuviere la mayoría, como es el caso de ahora con Morena. 

La propuesta tiene otro elemento, la desaparición de los diputados elegidos por mayoría relativa y los sustituiría con diputados elegidos por el método de representación proporcional, listas estatales; pareciera una propuesta noble, sin embargo, mina la rendición de cuentas y aleja a esos representantes de sus electores, fortalecería los liderazgos de partidos y el poder de quién ejerciera en su momento la presidencia. 

Dichas listas generarían gratitud al presidente y a las cabezas de los partidos. 

Las reformas que plantea el señor presidente, son perversas e indecorosas, atentan en contra de los principios elementales de la democracia, empoderan a una o varias castas políticas y desempoderan al ciudadano que es el elector. 

Sin duda alguna, la prisa de López por esta reforma tiene que ver más con su salud física que con su miedo a perder elecciones. Por ahora se ve difícil ganar el 2024, las oposiciones no presentan formalmente a sus opciones, hay voces, en Acción Nacional, en el Revolucionario Institucional, el de la Revolución Democrática, tiene voces, pero formalmente las dirigencias no se han manifestado, supone este reportero, estrategias de esas fuerzas partidarias, para evitar el desgaste y la lucha intestina, como la que vive Morena. 

López Obrador ensoberbecido, carente de sentido autocrítico, autocrático y mesiánico, no busca establecer mejores condiciones para la democracia, él pretende ser la democracia misma.  

Algunas de las izquierdas que hoy acompañan a López en este periplo, fueron fieras combatientes en contra del “partido en el poder” el PRI en aquellos años, sufrieron represión, cárcel, padecieron persecución y son ahora mismo, los más acendrados defensores de las propuestas turbias y dictatoriales que no solo regresan al elector a esos tiempos aciagos, sino peor, implantar lo más cercano a un régimen totalitario y sin libertades, en el que todo gire en torno a la figura presidencial. 

La democracia mexicana una de las más avanzadas en América Latina, hoy está en riesgo, su institución mejor evaluada y garante de un principio elemental para la democracia, el derecho a votar y ser votado, el derecho a que los votos se cuenten y se cuenten bien, el derecho a tener certeza y legalidad; se pierden con las propuestas indecorosas y tramposas de un presidente empeñado en no soltar el poder, tal como lo ha señalado esta columna, López prolongará su mandato, de aprobar su reforma, tardaremos otros setenta años para echar del poder a la dictadura de López y sus feligreses de Morena, lo que sea el significado de ese mamotreto.  

Hasta la próxima.