Carlos Ramos Padilla

La UNAM no ha escapado a la violencia. No es la primera ocasión que se atenta contra los universitarios, su autonomía, su unión, incluso su libertad de expresión.

En Enrique Graue, hay constancia, enfrenta los conflictos de frente, siempre llamado a la concordia, al uso de la razón y a la aplicación de las leyes. En contraoferta, encapuchados le han lanzado consignas pero también piedras.

Graue ha llamado a las autoridades federales y locales a fortalecer la integridad de cada elemento dentro de la Universidad. Es quien desde su posición promueve campañas culturales y de concientización contra el acoso sexual, las agresiones a las mujeres, la destrucción del patrimonio, el freno al narcomenudeo y uso de armas.

Llama cotidianamente a la identidad nacional, al respeto a las instituciones y a generar, desde las aulas, los cambios más necesarios y urgentes para el país.

Graue tiene el enorme privilegio y compromiso de entenderse a cada minuto con lo más selecto del pensamiento humano, con los rasgos más preclaros de la inteligencia, con los sabios mexicanos.

Dentro del campus se hirió a una estudiante que terminó en terapia intensiva y falleció víctima de un balazo. La primera instrucción de la máxima autoridad universitaria fue, y es, investigar, dar cuentas claras y aplicar justicia.

No hay movimiento menor ni escalas inferiores en el tema. Para entendernos, las armas, la droga y la piratería vienen de fuera del terreno universitario y así lo hemos denunciado muchos.

La responsabilidad primera en esto se encuentra en las oficinas del gobierno de la Ciudad de México y del Federal. Ahí hay quienes conocen bien de qué hablamos y me refiero particularmente a Claudia Sheinbaum y a Martí Batres.

Pero hay otros personajes como Marcelo Ebrard, destituido por el Presidente de México, por los linchamientos en Tláhuac, que saben del tema. Dónde están los valentones políticos que no se atreven a solicitar toda la fuerza y unidad para recuperar todas las instalaciones, no sólo el Auditorio Justo Sierra, que están secuestradas por mafiosos y delincuentes.

Dónde están los generosos legisladores que no apuntan a aplicar leyes duras contra los narcomenudistas que asesinan a nuestros jóvenes.

¿Quiénes controlan a los traficantes de armas? ¿Qué hay de esos desde el Senado que hablan de la clase trabajadora y sus organizaciones pero les perdonan todo a los líderes sindicales que como en la UNAM manejan a los ambulantes y gran parte de los taxis en el campus?

¿Por dónde se esconden los que reducen presupuestos para la ciencia y la investigación y defienden sus porciones económicas para los partidos políticos?

La UNAM y los universitarios no son masas manipuladas para cortar cabezas de sus autoridades, por fortuna el coeficiente intelectual de su comunidad es superior para caer en esas trampas. Que desde el gobierno den resultados creíbles de lo ocurrido en el plantel del CCH oriente.

Que se castigue a los culpables del fallecimiento de Aidé Mendoza J. Queremos civilidad, armonía, paz. En la UNAM se cultiva la gran semilla del conocimiento, de la información, de la extensión de la cultura. Así debe ser y eso debemos proteger.

Graue tiene un compromiso y es mayor mucho mayor de aquellos merolicos de la tragedia.

Graue genera al país cada ciclo escolar a miles de egresados constructores de la patria.

Graue juega limpio pero hay quienes no, y para dejarlo preciso, la UNAM para algunos es un botín y se están preparando para la demolición. Pero habrán de fracasar.

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