Jesús Corona Osornio
La forzada licencia de la señora Sheinbaum, al gobierno capitalino, la colocó en una situación que ni ella ni sus consejeros habrían previsto.
Las reglas al interior de su partido Morena, de un momento a otro, cambiaron, dejando para ella, un halo de preocupación.
Durante meses, la señora no había tenido dudas, ella sería la candidata, no había nada que hiciera sospechar de cambio alguno.
Al avanzar los meses era claro que Luis Marcelo, insistía en el llamado al piso parejo, lo que confirmaba que sería sin mayores obstáculos, la candidata a la presidencia, cualquier otra cosa era mero distractor.
Sin embargo, algo se movió al interior de Palacio, López aceptaba algunas propuestas de Ebrard y Monreal, para más o menos dar equilibrio a la carrera sucesoria para el partido en el poder.
Las dudas empezaron a surgir en el equipo de Sheinbaum, en la propia Claudia, ¿habría el señor presidente, cambiado de sucesor?
Conforme las horas avanzaban, del equipo de la Jefa de Gobierno, se avezaban más y más para ver cualquier señal por pequeña que fuera, que confirmará, sería ella y que todo lo demás era para aparentar un juego democrático.
Vino la fatídica asamblea y se descompuso todo, serán muy pocos quienes no hayan visto el video del desencuentro con Alfonso Durazo, en el que con dedo amenazante le advierte: “ya me cansé,” fuertes imágenes que contradicen la tan cacaraqueada unidad.
Vengativa, rencorosa, vulgar y corrupta, así la describen quienes la conocen desde su etapa estudiantil, aquella universitaria practicante del asambleísmo más puro, y formada entre los grupos rudos y de extrema izquierda.
Alejada de la judeidad y reconocida atea, la señora Sheinbaum fue militante de la izquierda más beligerante. Fiel a López desde los inicios de la Jefatura de la Ciudad y operadora de los segundos pisos, y todo lo que en corrupción ha significado.
López Obrador, la considera de su familia, la ha protegido incluso de ella misma, de sus rabietas y mal humor; Claudia es violenta y no tiene pudor alguno, la corrupción no la asusta, y sabe mentir tan bien como su mentor.
Recordar que viajó a Europa con el dinero que su ex esposo Carlos Imaz recibió de Carlos Ahumada, y cuando estalló el escándalo se divorció de él sin ningún remordimiento.
Cadáveres en su closet, muchos, de cuando fue alcaldesa en Tlalpan, 26 del Colegio Enrique Rébsamen, luego ya Jefa de Gobierno 26 de la fatídica L12 del Metro.
Corrupción en la Secretaría de Seguridad Ciudadana, (SSC) del excolaborador de García Luna, Omar García Harfuch.
Desvío de recursos públicos a su ilegal precampaña, ilegal despedida de la JGCDMX que según sus propias cifras se auto organizó con 80 mil acarreados (invitados, con todo y torta y refresco) utilizando dinero del erario.
Cientos de bardas con la leyenda #esclaudia y su efigie en toda la Ciudad, y por todo el país, viajes a la provincia para promover su imagen, y quizás todo eso en vano, porque su mentor tal vez ya cambió de rumbo.
Muy brava y amenazante en la Asamblea de su partido, incapaz de controlar sus emociones, incapaz de hacer funcional al Metro, tal vez y solo tal vez, haya vientos de cambio, “ven, ven, ven, que Tabasco es un edén.” El dedo amenazante contra Durazo, podría ser su suicidio. Hasta la próxima.















