Jesús Corona Osornio 

Una pregunta indispensable en estos tiempos de desesperanza y dolor, de crisis. 

Los partidos Revolucionario Institucional, -PRI- Acción Nacional -PAN- y de La Revolución Democrática -PRD- no representan un grave peligro para Morena, ninguno de los otrora grandes institutos políticos, puede ganar por si solos una elección, de las últimas seis perdieron cuatro, si bien no en todas iban en coalición, lo cierto es que no lograron inquietar al partido en el poder, y que muy pronto será la fuerza hegemónica que gobernará los destinos de México, sin ningún viento en contra. 

El PAN ya no es aquel partido que hasta antes de la modernización de los procesos electorales, hacían de su militancia un verdadero apostolado en busca de la democracia, con la llegada del dinero a través de los institutos electorales, todo cambió, se despertaron las más caras ambiciones, ya no solo era buscar la democracia, la lucha por el poder para el bien común, no ahora era la búsqueda de los jugosos recursos, con los que se podía conformar redes, grupos afines a quien ostentara el recurso y el poder. 

Acción Nacional no supo, no pudo o sus cuadros no quisieron orientar al su partido por la senda de la democracia el diálogo y un ejercicio de gobiernos con resultados. Con algunas honrosas excepciones, el partido transitó por la senda de la descomposición y por momentos en la corrupción. Ahora están enredados en su propia soga sin saber que hacer. 

En el PRD, las cosas se pusieron muy feas cuando la lucha por el control del partido se dio entre expriístas y las corrientes de izquierda entre moderados y ultras y un tercer factor de discordia, el señor López. Los seguidores de AMLO dentro del partido se componían de priistas, comunistas, socialistas, trotskista, leninistas, socialdemócratas y sume usted toda la fauna política que guste. 

Un partido con jugosos recursos, dueños de la capital con un Cárdenas que no le importaba soltar el gobierno de la ciudad para volver a contender por la presidencia de la república en un segundo intento, y otra vez la derrota, pero el parido del sol azteca seguía ganando gobiernos, y por supuesto recursos. 

Lo que llevó al partido a una lucha intestina cruel y despiadada, las tribus se daban con todo y desde las diversas dirigencias todo era serenado con jugosas cantidades de recursos, su tan cacaraqueada democracia interna era una farsa y nada más, mientras los “Chuchos” se aferraban a la dirección y control del partido, López Obrador en labor hormiga se llevaba cuadros y militantes y recursos económicos a su movimiento que crecía como la espuma. Vino luego de años de mermar al partido, la creación del Movimiento de Regeneración Nacional -Morena- hasta volverlo partido con todas las de la Ley, y que sin pudor ni ética surgió luego de haber sangrado al PRD.  

El PRI, es todo un caso, durante setenta años detentó la hegemonía política, mayorías en Diputados y Senadores, congresos locales, presidencias municipales, regidurías y sindicaturas, parecía no existir ninguna fórmula para echarlos del poder, hasta que se fueron transformando las formas de calificar las elecciones y un buen día Baja California era ganada por el PAN, de ahí y hasta la fecha todo ha sido declive para ese partido, hasta el punto en que es hoy un partido a punto de desaparecer, con serio peligro de perder por las buenas o por las malas el Edomex y muy probablemente Coahuila, me acuso de ser un profesional del pesimismo. Hoy el PRI es un enfermo de cáncer, su corrupción, su pérdida de rumbo, no hacen sino agravar su mal, el partido es hoy un cuerpo con metástasis. Hasta la próxima.