Jesús Corona Osornio 

Cada mañana el señor del Palacio afirma que: “no somos iguales” y tiene la razón, son peores, más nepotistas y más corruptos, los nombramientos de quienes acompañan al presidente en cargos de relevancia, son designados al vapor y por puro pago de facturas tras los compromisos adquiridos durante la campaña. 

Habíamos sido testigos los mexicanos, de ciertas prácticas nepotistas y de la corrupción descarada de algunos funcionarios, pero lo que hoy vivimos, nos lleva a niveles de escándalo, y de daño irreparable para el devenir histórico de México.  

El ciudadano López, cree que la lealtad se la deben a él y no a la República, el compromiso que un funcionario adquiere, es con el país, sin embargo, observamos cómo la profesionalización y los conocimientos, para el presidente, son lo de menos, lo importante es que deban hacer lo que el quiere, aún cuando estuviere equivocado. 

En la Secretaría de Economía designó a Raquel Buenrostro, en sustitución de la señora Tatiana Clouthier, quién no demostró en ningún momento, valía alguna. 

La señora Buenrostro con fama de carácter explosivo, no es un buen mensaje para las negociaciones del T-MEC, que en estos días adquieren relevancia, por las quejas de dos de los firmantes, acerca de los cambios en la legislación mexicana en el tema energético. 

La nueva secretaria designó a Alejandro Encinas Nájera hijo del subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, Alejandro Encinas, cuyo papel reciente como encargado de la Comisión de la Verdad de los sucesos de Ayotzinapa, cuyos resultados tensaron las relaciones entre el Ejecutivo y la Secretaría de la Defensa Nacional. 

Por lo que, para mantener el equilibrio, el presidente autorizó la designación del hijo mayor de Encinas, sin importar el desconocimiento del tema del Tratado Comercial con Canadá y EU, así una vez más el mensaje mexicano es de reto a sus socios comerciales. 

Sin restar valor al joven Encinas, lo cierto es que su falta de experiencia y madurez política, en temas tan trascendentales como las negociaciones citadas, provocan reacciones de alarma en quienes como socios consideran, que el gobierno de México no toma en serio y con el debido cuidado las quejas y negociaciones. 

Raquel Buenrostro se solaza en su fama de dura para negociar, y ella y el señor López piensan que será lo mismo amenazar e intentar chantajear a los gobiernos canadiense y norteamericano, tal como lo hizo desde el Servicio de Administración Tributaria. 

Aquí en el país le fue fácil presionar a grandes contribuyentes sin que para ella hubiese repercusión alguna. Sin embargo, las quejas se ventilarán en Tribunales Internacionales en los cuales, la fama de la señora y sus posibles exabruptos de nada servirán. 

El presidente mexicano vuelve a equivocarse en el terreno internacional, y sin dudas esto le saldrá muy caro a la ciudadanía. López una vez más demuestra que lo suyo no es el respeto al derecho ni a los compromisos. 

Un país mal gobernado con un derroche de recursos y con un desvío de los mismos, como nunca se había visto, y sume usted, amable lector, las penas y multas que tendremos que pagar todos, por los caprichos y falta de seriedad de quien dice ser la encarnación de la honestidad. 

AMLO, cree que el puede romper cualquier compromiso internacional sin que haya ningún problema para México, piensa, en su megalomanía, que todo el mundo es la República Mexicana, y que como aquí no hay Congreso ni contrapesos, el mundo habrá de plegarse a su voluntad, sin duda la nación vive sus horas más apremiantes y desgastantes de su joven democracia, que también esta en peligro. Más claro ni el agua, Rusia apoya a López y López apoya a Rusia. 

 Hasta la próxima.