Jesús Corona Osornio  

Hemos normalizado el desenfreno del poder, ya no hacemos nada cada que el ciudadano López ataca a quienes disienten de su forma de pensar y criticamos su mal gobierno. El presidente no acepta que haya disidencia, promueve la violencia en contra de quienes, desde las redes, por ejemplo, osamos en sentenciar a su gobierno, ataca a la libertad de expresión, la crítica es algo que el señor de Palacio no tolera. 

El pasado primero de agosto, López lanzó una advertencia, “Tenemos una lista de quienes se manifiestan en las redes sociales”, la pregunta obligada es saber ¿Quiénes integran esa lista y para qué la utilizará el presidente? El fraseo del presidente puede desatar la ira de sus seguidores, y generar una ola de venganzas y de ataques a aquellos que en las RRSS sociales vertimos nuestra preocupación por el rumbo que ha tomado el país. 

Al presidente mexicano lo votaron para ser el encargado del Poder Ejecutivo, para trabajar en armonía y con acertada administración de los bienes nacionales, se le votó para gobernar y presentar proyectos que eleven las condiciones de vida de los ciudadanos y para representar con dignidad ante otras naciones y organismos internacionales a todos los mexicanos, para escuchar a las oposiciones aunque fueren minorías, y se le otorgó el voto para cumplir su proyecto de nación, grosso modo es lo que debiera estar haciendo el Ejecutivo, pero no, López hace lo que se le ocurre dentro de un guion pre establecido, y no lo rompe él está en lo suyo, y además imponiendo sus caprichos, monumentos a la corrupción, elefantes blancos, dinero desperdiciado, y usando el poder para amenazar a luchadores sociales que alzan la voz en defensa de la naturaleza, en defensa de los manglares y la selva. 

Las amenazas desde el poder no son gracejadas, no son parte de un sketch de comedia barata, son verdaderas bombas de tiempo que tarde o temprano cobrarán víctimas. López violenta con su discurso, sus seguidores más obtusos agreden de tal forma que se las va la vida en cada agresión, su virulencia la llevan fuera del Twitter o del Facebook, la violencia como forma de hacer política, someter no convencer, impedir el pensamiento libre y expresión. El lenguaje del presidente es denso, agresivo, hipócrita, soez, vulgar, indigno de un presidente, pareciera una norma que para estar al lado del señor López o pertenecer a su partido Morena, se debe ser corrupto, vulgar, majadero, es como un distintivo de quienes militan o laboran con López, las mañaneras se han convertido en show barato, la temática debe contener una fuerte dosis de alabanzas al ego presidencial, cuando hablan sus empleados y de parte de López el irrespeto a lo que representa, la ausencia de solemnidad y seriedad, la serenidad no es el fuerte del jefe del ejecutivo, su peor enemigo es el mismo, habla demasiado, se excede, y se equivoca. 

Las provocaciones, burlas y amenazas, son la característica de un hombre soberbio e ignorante, solo quiere ser alabado, reconocido como un ser excepcional, en la realidad no pasa de ser, un pequeño hombre que lo único que tiene es poder. 

Desde la presidencia se fortalece la propaganda, nada absolutamente nada se hace sin el visto bueno del “señor presidente”, si el ciudadano López ataca al INE, de inmediato en las redes las granjas de bots inician la batalla en contra de los consejeros que el presidente no tolera. Ejemplos sobran, sería insuficiente este espacio y todo el periódico IMPAR para escribirlos.  

Las cifras que dio López de los comicios internos en Morena para elegir a sus consejeros de dos millones quinientos mil personas o la del impresentable Mario Delgado de tres millones están alteradas y forman parte de la propaganda, por cierto, Señor presidente López, registre mi nombre en su lista. 

Hasta la próxima.