Teófilo Benítez Granados 

Rector del Centro de Estudios Superiores en Ciencias Jurídicas y Criminológicas (CESCIJUC) 

La nueva educación debe orientarse en cuatro aprendizajes fundamentales: conocer, hacer, vivir y ser. 

En los años 70 los especialistas en educativa propusieron programas con competencia, que pretende vincular al sector educativo con el productivo.  Así se aplicó en el campo de la formación técnica y después en la enseñanza de un segundo idioma. 

La competencia es una amalgama de conocimientos, destrezas y actitudes. Es la posibilidad de que el ser humano integre y movilice sistemas de conocimientos, habilidades, hábitos, actitudes y valores para el desarrollo profesional. 

En los sistemas de educación superior, las competencias fueron cada vez más globalizadas, por lo que transformaron los procesos institucionales. Esto implica que la educación superior estuvo delimitada por las competencias necesarias para ejercer actividades en un mercado global, idiomas, sistemas de comunicación e información entre otros. 

En los próximos años, la transformación de la educación superior se perfilaba que se desarrollaría bajo un esquema de modernización occidental, centrado en los modelos euro-anglo-norteamericanos. Con estas transformaciones se estrecharían cada vez más los espacios para reconocer y analizar las consecuencias de los cambios profundos que supone la economía global, la ciber-sociedad y la postmodernidad organizacional como forma para superar las burocracias institucionales. 

Como parte de estas transformaciones surgirían entonces nuevos actores y un nuevo modelo de gestión en las universidades. 

Sin embargo, la transformación en la educación superior hoy debe centrarse en generar, organizar, coordinar, compartir, difundir y aplicar el conocimiento en el contexto de la sociedad global, pero, sobre todo, dar respuesta a las crecientes demandas de desarrollo. 

Así, todas las escuelas superiores deben estar conectadas en redes administrativas, académicas y científicas para lograr la conectividad de todos los procesos. Para ello se deberá estar conscientes de la posible dependencia tecnológica, el factor costo-beneficio y las bondades que pueden ofrecer las TIC. 

La educación en todos los niveles tiene como principal objetivo el desarrollo personal. Sin embargo, los desafíos de la educación superior varían según los actores interesados: el gobierno al tratar de mejorar sus políticas, comunidad científica al pretender innovar, estudiantes en su afán de preparación, las empresas en pos de mantenerse en el mercado y la sociedad con la esperanza de crear un mundo mejor. 

El reto, entonces es cumplir las expectativas de todos ellos. 

Actualmente los objetivos de la educación superior por competencias buscan aplicar un modelo de enseñanza centrado en la autonomía del estudiante, perfil académico central basado en un perfil de competencias, la organización de asignaturas y créditos, determinar un mapa de competencias genéricas o transversales y competencias específicas, aprendizaje basado en problemas, proyectos, estudios de caso, simulaciones de situaciones.  

En tiempos de pandemia, el reto de la educación superior es preparar a los estudiantes para problemas que aún no conocemos, en contextos aún ignorados y con herramientas no descubiertas todavía. El reto es enseñarlos a ejercer el pensamiento crítico. El reto es enseñarlos a vivir y ser. 

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