En fechas recientes la prensa internacional ha dado cuenta de que algunos soldados e integrantes de las fuerzas armadas ucranianas han portado emblemas con simbología asociada al nazismo, como lo son parches con el Totenkopf o Cabeza de la Muerte, que es una calavera adoptada por la SS, la esvástica y la Balkenkreuz, entre otros. Por extraño que parezca, la esvástica más antigua encontrada hasta el momento fue en Ucrania, con una antigüedad estimada de doce mil años. Es un símbolo que tiene raíces ancestrales desde los griegos, celtas, anglosajones, escandinavos y otros pueblos. Según diversas versiones, los germánicos la usaban para ahuyentar a los malos espíritus. En el budismo representa el ciclo eterno de la migración de las almas. En sánscrito swastika significa «gran fortuna», y actualmente en la India se utiliza para invocar prosperidad y salud. Sin embargo, Hitler le dio la connotación antisemita que es la que ha perdurado en Occidente desde entonces.
Es muy importante que se aclare este tema para evitar especulaciones. Hay versiones que señalan que estos símbolos han llegado a Ucrania gracias al armamento y uniformes donados por Alemania. Mientras, hay quienes apuntan a un amasiato entre el gobierno y los grupos de extrema derecha ucranianos que combaten contra los soldados rusos. Esta última interpretación parece poco creíble dado que Volodímir Zelenski es judío y difícilmente aceptaría un agravio así. El saldo de la guerra al momento de la publicación de este artículo es más de 20 mil muertos, de entre ellos 500 niños; 80 mil heridos y más de 6 millones de ucranianos desplazados. Las ciudades son destruidas; día y noche se cometen crímenes de lesa humanidad.
Mientras las acusaciones de fascismo se dan entre los gobernantes ucranianos y rusos, la destrucción de la presa de la planta hidroeléctrica de Kajovka, pone en peligro la refrigeración de la central nuclear de Zaporiyia, la más importante de Europa y la novena del mundo. Algunos habitantes temen que se pueda generar un desastre igual o mayor al de Chernóbil en 1986. Además, alrededor de 700 mil personas corren el riesgo de quedarse sin agua potable. Todo esto sin contar las afectaciones al medioambiente, a las zonas de cultivo y las miles de personas evacuadas.
Desde la II Guerra Mundial en Occidente no se habían visto horrores de este tipo. Sería muy lamentable estar viviendo el resurgimiento de símbolos nazis como respuesta a la invasión rusa en la sociedad actual. El odio con más odio genera más violencia.













