• En opacidad, escasean medicamentos básicos, oncológicos y tratamientos

Miguel A. Rocha Valencia

Unos hablan de 40 mil millones, otros de 36 mil millones de pesos gastados o destinados a la adquisición de 250 millones de vacunas, de las cuales llegaron al país 50 millones y de ellas sólo se han aplicado 39 millones, es decir, hay en “bodega” más de 10 millones de inmunizaciones, pero dice el Ganso que escasean.

Y en esta danza de millones de pesos y dosis de vacunas, priva una gran opacidad, desaceleración “inexplicable” del 40 por ciento en la aplicación de inmunizaciones y un subejercicio o “ahorro” en la Secretaría de Salud que podría alcanzar unos 35 mil millones de pesos que propicia deuda con farmacéuticas y la efectiva escasez de medicamentos para enfermedades distintas a Covid-19.

Pero, además, trascienden versiones de que, en Hacienda, no hay más dinero, y por eso se endurecen las medidas para mantener en secrecía contratos de compra de inmunizaciones, costos de fletes (la china Sinovac resulta la más cara) el retiro de personal médico temporal en hospitales y cuadrillas de vacunación. 

A esto último se debe la disminución en las aplicaciones que en tiempos preelectorales se aceleraron y, contra lo que dice el machuchón de Palacio Nacional, no es por falta de dosis, ya que existen en territorio nacional más de 10 millones de porciones para ser aplicadas, pero no hay personal, lo dieron de baja luego del proceso electoral porque no hay para pagarle ni sus desplazamientos o bien, llegó la orden de “ahorrar” y pausar.

Es decir, no importa el incremento de contagios ni más muertos, incluso la jefa de Gobierno, hoy enojada y golpeadora como su patrón ya no toma en cuenta los parámetros científicos y de salud, y dice que el regreso al confinamiento es inviable por cuestiones económicas.

Tan es así que desde el púlpito del Mesías tropical se afirma que hay suficiente dinero para adquirir las vacunas y otros medicamentos como los oncológicos, pero en los hechos, el presupuesto para salud descendió casi 40 mil millones entre lo que se subejerce de lo programado y los “ahorros” con la reestructuración de contratos que hoy no se pueden amarrar y que resultan más caros.

Por lo pronto el Insabi, ese Frankenstein con que intentan sustituir el Seguro Popular y está en manos del antropólogo Juan Antonio Ferrer Aguilar, debe tres mil millones de pesos a farmacéuticas y no consolida como en otros tiempos la adquisición de medicamentos a través del organismo “especializado”.

Es más, nada o poco se sabe de esas compras que hoy no van a licitación sino se otorgan de manera directa con lo cual la opacidad de otros regímenes resulta infantil frente a lo que hoy ocurre.

El caso es que el tema de las vacunas y medicamentos se agudiza mientras la pandemia de SARS-CoV-2 hace regresar el semáforo en estados declarados en verde, mientras que la ausencia de fármacos en el sector público se agudiza y los encarece en el privado.

Los oncológicos son el mejor ejemplo de todos por el impacto y urgencia de tratamientos contra el cáncer no sólo en niños sino también en adultos, muchos de los cuales, a pesar de contar con algún servicio institucional, deben realizarse estudios de urgencia en el sector privado, incluyendo intervenciones quirúrgicas y biopsias con la esperanza de que el tratamiento se les aplique en IMSS, ISSSTE o los institutos de Salud, en este caso Oncología o Nutrición.

El costo de esas terapias que incluyen radios o quimioterapias tienen costo promedio de 250 mil a 300 mil pesos, más los medicamentos, sin que se asegure con ello el éxito de los tratamientos, que obvio no incluyen hospitalización, eso ya no estaría al alcance de muchos de los pacientes.

Por ello, cuando algún día se “normalice” la situación no sólo habrá de hacerse el análisis de la pandemia de coronavirus donde oficialmente se reconocen 243 mil 728 defunciones totales, incluidas muertes sospechas, así como los sobre fallecimientos en otras enfermedades como el mismo cáncer en sus diversas modalidades, las hepáticas, renales, y en suma las de la mal función física con las crónico-degenerativas.

Desde hoy, investigaciones de la Universidad Johns Hopkins de Maryland E.U., estima que la mortandad será mucho mayor, no sólo por la concentración de esfuerzos por la urgencia del Covid-19 sino por otros factores que, como en el caso de México se derivan de la falta de medicamentos y tratamientos. Agregaríamos que por los “ahorros” y la falta de planeación que se sumó a la cancelación de compras consolidadas con proveedores por “culpa” de la corrupción que argumentó el profeta de la 4T. La falta de medicamentos y la aplicación de vacunas hasta parece castigo por no votar por los morenos.

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