En 1974, el pensador austriaco Iván Illich escribió en su libro Energía y Equidad que un país: “Está subequipado si no puede proveer buenos caminos para la bicicleta”, y remataba: “No existe una razón técnica, económica o ecológica para que, por el año de 1975 se tolere semejante retraso, consecuencia de un equipo insuficiente”.  

45 años después de esa fecha límite, la pandemia vino a darle la razón al polémico filósofo vienés: ante la necesidad de disminuir la concentración de usuarios en el transporte público, las autoridades de diversas ciudades del mundo determinaron implementar ciclovías emergentes para fomentar el uso de la bicicleta y permitirle a la gente desplazarse de manera segura. 

La Ciudad de México no fue la excepción. El gobierno de la capital instaló dos ciclovías emergentes en avenidas muy importantes: una sobre Insurgentes que recorre cerca de 28 kilómetros y la segunda, que va sobre Eje 4 y cubre un trayecto de 14 kilómetros. 

De esta forma, quedó comprobado que no hay razones técnicas, económicas ni ecológicas que impida a las autoridades de la Ciudad de México proveer a la ciudadanía con la infraestructura ciclista necesaria para circular en estas avenidas. 

La realidad es que estas rutas emergentes han tenido una gran aceptación entre los habitantes de la ciudad. Se han convertido en una alternativa de movilidad sumamente eficiente y dan seguridad a los que eligen este medio de transporte sustentable.  

Como resultado, son cada vez más las personas que insisten en que estas nuevas vías se hagan permanentes. Es necesario priorizar la transición hacia estas formas alternativas de transitar por el espacio urbano: el medio ambiente, la saturación vehicular e incluso la salud de la población, así lo requieren. 

En este sentido, un conjunto de organizaciones llamado Coalición Cero Emisiones, llevaron a cabo un estudio donde desmenuzan los beneficios que estos proyectos aportan a la ciudad y sus habitantes. Puede consultarse en el sitio www.cicloviaspermanentes.org 

Por ejemplo, en cuanto al costo económico, el presupuesto estimado para mantener estos 42 kilómetros de ciclovías es de 170 millones de pesos, mientras que un proyecto como el puente vehicular Cuemanco-Periférico asciende a 680 millones de pesos por 1.7 kilómetros de longitud: 4 millones de pesos por kilómetro de ciclovía contra 400 millones por cada 850 metros en el caso del puente. 

¿Por qué seguir invirtiendo miles de millones de pesos en infraestructura para automóviles y no darle prioridad a estas alternativas sustentables que son más baratas y apuntan a un mejor proyecto de ciudad? 

Iván Illich escribió: “Sería un escándalo si la movilidad natural de los hombres se viera, contra su voluntad, forzada al estancamiento a un nivel prebicicleta”.  

¿Lograremos liberarnos del estancamiento?