En las elecciones presidenciales de 1976 en nuestro país, el luchador social Valentín Campa logró casi un millón de votos (aproximadamente el 5% del total) como candidato independiente a la Presidencia de la República, pero los votos se anularon.

Es decir, el proyecto político de un millón de mexicanos no tuvo cabida. Por otra parte, debido a que el PAN no postuló candidato, López Portillo fue el único que contendió legalmente, logrando más del 90% de la votación. Años más tarde el expresidente aceptaría que “con que hubiera salido a votar su mamá por él, habría ganado la elección”.

Ante esto, la reforma política de 1977 impulsada por Jesús Reyes Heroles, sentó las bases democráticas modernas. Una idea fundamental de la reforma consistió en traducir en diputaciones los votos de las minorías, agregando 200 curules más, mismas que serían repartidas entre los partidos.

La transición democrática, la alternancia de partidos en el poder que ahora es una realidad, se debe a la inclusión de las fuerzas minoritarias en la participación política nacional porque la soberanía nacional reside esencial y originalmente en el pueblo, en todo el pueblo.

En días pasados el presidente en turno, durante una de sus conferencias mañaneras, opinó sobre la desaparición de las diputaciones plurinominales en Baja California, pronunciándose a favor de todo lo que significara un ahorro al erario. Pero, ¿a qué ahorro se refiere? ¿a un ahorro democrático?.

Su postura al respecto la anunció en 2018 durante un acto proselitista en Ixtapaluca: de ganar la elección presidencial, propondría una reforma para que en vez de 500 fueran 300 diputados y para eliminar a los plurinominales, aplicándose esa fórmula también al Senado y a los regidores. Su objetivo: debilitar y anular a la oposición.

Aunque López Obrador ganó con amplio margen, la coalición “Juntos Haremos Historia” sólo obtuvo 43.6% del total de los votos por lo que la oposición obtendría la mayoría en el Congreso. Sin embargo, esto no pintaba un buen panorama para la gobernabilidad total a la que aspiraba la Cuarta Transformación.

Para lograr la mayoría en el Congreso de la Unión, Morena reconoció solamente a 106 diputados de los 220 que había ganado por mayoría relativa, para que, valiéndose de artimañas matemáticas y políticas con el fin de fortalecer a sus partidos satélite que no alcanzaron el 3% requerido por la ley, pudieran acceder a la repartición de plurinominales y sumar la jugosa cantidad de 85 diputados más, logrando así la mayoría calificada que necesitaban para controlar el Legislativo, además de las prerrogativas que ahora también administran.

Una incongruencia más.

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