Aleinad Mina  

En Paseo de la Reforma, una de las avenidas más importantes y emblemáticas de la Ciudad de México, desde finales del siglo XIX, se encontraba la estatua de Cristóbal Colón, obra del escultor francés Charles Cordier. Tras una marcha y a pocos días del 12 de octubre del año pasado, las autoridades del gobierno capitalino retiraron la estatua para su restauración.  

La polémica en torno a la escultura se originó cuando la jefa de Gobierno de Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, anunció que reubicarían la escultura del navegante, y su lugar lo ocuparía “Tlalli”, la escultura de una mujer indígena olmeca, del artista mexicano Pedro Reyes. En su declaración Sheinbaum reconoció que este hecho generaría polémica, y recordó la importancia de reconocer los 500 años de resistencia de las mujeres indígenas en México. La polémica gira desde distintas narrativas las cuales configuran hechos históricos, puesto que se busca sustituir una visión eurocéntrica para reivindicar el lugar de los pueblos indígenas.  

Sin embargo, este acto no se acota a un escándalo nacional, sino que en 2020 tras el asesinato de Geoge Floyd en Minneapolis en un brutal asesinato en manos de la policía, una de las protestas que suscitó fue derrumbar y vandalizar monumentos que son símbolos de la esclavitud. Este acontecimiento se extendió desde entonces por Europa y America Latina, pulverizando y atentando a las representaciones de personajes históricos que simbolizan además de la esclavitud, el colonialismo y el imperialismo.  La demolición de estatuas de personajes históricos se llevó a cabo como una protesta cultural que nos lleva a cuestionar nuestra relación con el pasado, dado que se trata de pensar sí es posible resignificar el valor simbólico que representan figuras como Cristóbal Colón, Hernán Cortez, Eduard Colston, o Leopoldo II.  

Este fenómeno es relevante para la manera en que la historia se interpreta, dado que su carácter hermenéutico va ligado al contexto histórico que lo acompaña. De ahí que deja entrever una historia que cambia con el tiempo, no unívoca, sino con la cualidad de resignificar los hechos históricos. Los monumentos y las figuras conmemorativas son productos históricos, que con el tiempo adquieren distintos valores, simbólicamente se modifican en un diálogo constante con el presente.  

Con respecto a la iniciativa de la sustitución de Cristóbal Colón, Martín Ríos catedrático de la UNAM, señaló que: “parece una decisión inteligente, porque por un lado va a permitir proteger al monumento, que forma parte de la historia de la ciudad, Más de un siglo después, el contexto ha cambiado y ahora tenemos otro, ya no es la idea de que Colón trajera la civilización a México y que México sea deudor. Además, se han puesto en valor las raíces de la cultura indígena a lo largo de todo el continente americano, por eso es importante darle al espacio público el reconocimiento a estas matrices. Eso, por supuesto, no significa dejar de reconocer la importancia de la historia compartida que tenemos desde 1492. Al mismo tiempo permite reconocer este monumento y dar espacio a otras voces. En el contexto en el que estamos, el hecho de que sea una mujer es muy importante. Es un acto público, político que se reconozca la importancia de las mujeres de la historia”  

Sheinbaum anunció que la escultura “Tlalli” quedaría en el lugar de la escultura de Cristóbal Colón, pero tal restitución se puso en cuestión tras una ola de críticas, entre muchas razones, porque es un hombre y un mestizo el autor de la obra. Lo cual no respalda la narrativa que busca ese nuevo vestigio histórico, sino que reproduce los valores de desigualdad que en su discurso cuestiona la jefa de gobierno.  

El pasado fin de semana, un grupo de feministas acompañadas de madres y padres de desaparecidos y víctimas de feminicidio, intervinieron el espacio público con un anti monumento en conmemoración a “las mujeres que luchan”. Como un acto para no olvidar la deuda histórica que se tiene, y darle lugar a la construcción histórica de la lucha de las mujeres. La lucha feminista es esencial para deconstruir la hegemonía histórica, sin embargo, vale la pena también preguntarse ¿Tal monumento tiene conexión con el simbolismo que está detrás de la colonización o ensombrece la reivindicación indígena? 

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