Aleinad Mina 

Friedrich Nietzsche fue un filósofo, músico y filólogo alemán del siglo XIX que criticó profundamente la tradición filosófica de la Modernidad. Se opuso a entender a la filosofía como un ejercicio acartonado de la razón, cuyo fin era establecer principios absolutos y trascendentes. Su pensamiento es un hito en la historia de la filosofía, pues recupera la integridad del ser humano, su vitalidad y propone otra manera de filosofar, para Nietzsche la filosofía es un ensayo, que nos hace leer desde el espíritu a fin de escribir desde nuestra propia sangre, una filosofía que experimenta en la plenitud humana. 

Así habló Zaratustra, es la obra clímax de su legado, pues condensa las ideas centrales de su filosofía. Aquí nos ocuparemos principalmente de la noción del superhombre y de algunas ideas complementarias que podamos incorporar a nuestra vida. Hoy más que nunca tener una vida con propósito es algo que necesitamos, no sólo para transformarnos a nosotros mismos y elaborar nuestra mejor versión sino por el compromiso ético con nuestro entorno que de éste se despliega, nos hace valorar el impacto que tienen nuestras acciones pues éstas crean el mundo que habitamos.  

Este libro puede ser un gran catalizador para dotar nuestra vida de un sentido profundo pues Zaratustra sugiere que el hombre tiene la posibilidad de superarse a sí mismo, ser un amante de la vida que afirma con cada acción su voluntad. Para honrar a Nietzsche hay que ir a leer Así habló Zaratustra, con la disposición de formar un propio criterio desde lo que nos acontece, ser autoformativos y destruir todo lo que no vaya de acuerdo con nuestra naturaleza. 

En el prólogo Nietzsche nos dice que el hombre es un tránsito y un ocaso, algo que muta, el hombre está en un proceso de transformación constante, como la vida misma, no es inmutable. Sin embargo, se ha cargado de valores que atentan y destruyen su verdadero ser, el hombre está potencialmente constituido para ser un superhombre, para hacerlo debe liberarse de lo que se ha forjado de sí mismo, pues son construcciones decadentes que le alejan de su verdadero ser. Tal empresa requiere destruir los valores impuestos.  

Zaratustra habla del valor puesto sólo en la razón, como una máxima que desprestigia el cuerpo y los valores que establece la moralidad absoluta e inmutable, pues se tratan de normativas externas a la singularidad de cada ser humano, son valores débiles, de rebaño, promovidos por el cristianismo o por la cultura, se instalan como imperativos que forjan el resentimiento humano. Su propuesta no es quedarnos sin valores morales sino hacer una ética personal, esto es hacer nuestro propio carácter virtuoso, para ello tenemos que reconocer lo que somos, conocer nuestras debilidades, vicios, para desarrollar hábitos que nos permitan superar nuestros propios límites.  La virtud ética del ser humano no es una imposición externa sino un cultivo interior que surge de ubicar una necesidad de transformar lo que nos lastima, lo que nos hace débiles y enfermos, ahí en ese trabajo encontramos nuestra propia virtud y podemos edificar nuestra propia escala de valores.  

Como todo en la naturaleza el hombre tiende a cambiar, tiene la posibilidad de superarse a sí mismo, de ser un superhombre. El superhombre se venera a sí mismo pues conoce su propia medida y aspira a lograr su mayor bienestar. Mediante el reconocimiento de sus debilidades supera sus faltas, transforma con fortaleza sus límites, ama su virtud porque es creador de sus propios valores, y asume el sentido de la vida, su único sentido es el de la tierra.  

No es un genio porque no se compara con los demás respeta la individualidad humana, ni un santo porque no busca ser redentor del mundo, sólo es redentor de sí mismo. Ni tampoco un egoísta pues su corazón es sobreabundante, ama todo lo que le rodea, desea el eterno retorno, volver a vivir una y otra vez su vida. En su soledad el hombre se conoce a sí mismo, escucha que su corazón tiene un único sentido: la generosidad de la tierra le hace necesitar donarse a sí mismo, en su mejor versión, compartir las riquezas de su espíritu libre con los que ama, crear como un niño y creer sólo en un Dios que sabe bailar.  

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