No hace falta ver las cosas cuando se sienten de veras, no hace falta deleitarse, 

ni mirar y ver sus colores… porque el alma si uno quiere, ve más que los ojos pudiere… 

tú, en tu mundo los distingues, y lo ves como nadie… 

Del blog de Francisca Alfaro 

José Manuel Rueda Smithers 

La Cultura Impar esta vez tratará de un tema que para muchos es difícil, pero es una realidad tan constante que lo mejor es entenderla para entonces atenderla. Y tiene que ver con hablar de lo que es ser ciego. 

En principio, y de manera breve, va un aspecto técnico de lo que es la comunicación interpersonal: es el intercambio de mensajes, así como de información, entre dos o más individuos. Para ello, utilizamos la comunicación verbal y no verbal, con el objetivo de que haya un buen entendimiento, que ayude comprender el mensaje que se está exponiendo.  

Tiene sus formas, y en todas, debemos estar conscientes de cómo comunicarnos con los demás. Por ejemplo, sabemos cuándo una persona está alegre, está tranquila, está triste o simplemente está indiferente o concentrada en sus propios asuntos. Sin embargo, ¿alguna vez se ha tenido la oportunidad de interaccionar con una persona ciega o con debilidad visual? O al menos, ¿ha pensado en cómo se debe tratar con una persona con ese tipo de discapacidad? 

Para entender en un solo renglón esto, tomo una frase de Silvia Lozada, directora de la Escuela para Perros Guía en México: “La discapacidad no es fea, ni es un mal, ni es un castigo de Dios; es la manera en que muchas personas nos movemos en la vida”. 

Lo que menos debe sentirse y hacerle sentir, es lástima. Son personas normales, PUNTO. 

Y Silvia toca una parte importante: “Si se dan cuenta, la discapacidad tiene que ver con todas las áreas; no solo en las calles y las casas. Todos los lugares deben ser accesibles, deben ser espacios incluyentes simplemente porque las personas con discapacidad -sin importar cuál sea- somos consumidores de todo. Si aprenden de eso, hasta los comercios brillarán más”.  

Definitivamente solo la experiencia personal puede llevarnos a entender cuáles son las mejores maneras para comunicarnos con una persona que no ve. Lo cierto, es que la ceguera tiene diferentes niveles y grados de necesidades de comunicación. Y sin lugar a dudas, genera muchos desafíos. 

Encontré algo de una joven influencer argentina, que quedó ciega por alguna razón que ahora no viene al caso: “No soy un ser de otra especie, solo tengo la alternativa de seguir adelante como otra persona común; aunque con una limitación, nada más. Soy normal como cualquier otro, deben verme y tratarme así”. 

La ayuda se ofrece, se sugiere, no se impone, es lo que subraya a quienes la rodean y ante el hartazgo de enfrentar toda una incultura sobre lo que es convivir con alguien ciego. “Es difícil encontrar la justa medida entre la sobreprotección y la indiferencia”, concluye esta líder en las redes de su país. 

Si hay alguien en nuestra vida que es ciego o sordo -o ambas- aprender a comunicarnos demostrará preocupación y amor, pero más que nada, entendimiento. Palabras difíciles de asimilar: la atención y el entendimiento. 

La comunicación con las personas sordas y ciegas por lo general se considera un lujo en lugar de una necesidad. Esto significa que se debe hacer cualquier cosa desde aprender el lenguaje y todo aquello que haga sentir, que permita mostrar al otro, que simplemente está uno ahí. Y esto debe fomentarse siempre que sea posible. 

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