Aleinad Mina  

La semana pasada en Loot Ciudad de México se llevó a cabo la exposición “Una flor para otra flor” de Luis Rocca, artista plástico tapatío que nos comparte una forma peculiar de relacionar la belleza de la naturaleza con experiencias, personas, estados de ánimo y momentos. 

Todo el concepto está basado en un jardín, dividido en 18 experiencias de la vida real, con personas comunes que le comparten al artista alguna historia de su pasado relacionada con alguna flor, siendo esta la estrella del tema, la relevancia de estas historias nos llevaba desde una pieza regalada por la persona amada hasta el encontrarse con un desconocido que intuía alegrarnos el día con un detalle de semejante naturaleza. Así respeta el recurrente que tiende a utilizar Rocca en sus obras, la recuperación de historias de personajes reales como imaginarios. 

En esta entrega el hilo conductor como ya mencionamos es la flor, una presencia que a través de un encuentro estilo ritual le hizo comprender a Rocca como incluso hasta lo más bello muere. 

Las narraciones de atribución romántica presentes en esta obra buscan ampliar el lenguaje y nombrar lo anhelado; cedemos los recuerdos a las flores para celebrar nuestros propios florecimientos, y así comprender que el marchitar es ceder nuestros colores a una nueva vida y una nueva interpretación. 

En este jardín, los procesos de florecer y marchitar más que otorgar historias definitivas permitieron a Rocca concebir una explosión de posibilidades que se desglosan de manera escenográfica, así como líneas y sombras que las mismas flores han dirigido para continuar la construcción exploratoria de este artista gráfico. 

Es un hecho ineludible que estamos rodeados de naturaleza, y a veces esa naturaleza deja de ser el parte del escenario y se convierte en protagonista sin siquiera darnos cuenta, nos hace parte de su historia. ¿Alguna vez se han sentido como un paisaje?  

Rocca nos ayuda a comprender la similitud del proceso de vida en todas las experiencias que tenemos día con día, puntualiza lo bello de lo amorfo, lo espectacular en el marchitar, lo deslumbrante del renacer, lo efímero de la vida. Sin duda una gran obra que vale la pena mirar en su totalidad y dejarse sorprender por todas las fases y estigmas que nos comparte el artista en esta ocasión.  Dejemos a las flores hablar por nosotros, apunta el artista tapatío.