Aleinad Mina  

Marilyn Monroe se convirtió en una leyenda de Hollywood, icono de la sensualidad femenina del siglo XX cuyo fulgor inextinguible la hace un referente muy pop. Es un signo de sensualidad femenina porque su figura fue reconocida desde la industria cinematográfica estadounidense, sin la cual, la belleza de Monroe no hubiera tenido el alcance masivo que hasta el día de hoy conserva. Su notoriedad pública fue inspiración para el mundo artístico, principalmente para los artistas del pop art. Nos interesa ver el vínculo que hay entre Marilyn Monroe y el pop art, más allá de la mirada de Andy Warhol. 

Norma Jeane Mortenson conocida como Marilyn Monroe nació el 1 de junio en Los Ángeles. Tuvo una infancia difícil, sus padres estuvieron ausentes, su madre padecía esquizofrenia, estuvo en distintos hogares, en orfanatos, sufrió abuso sexual cuando era niña, quizá este primer encuentro tormentoso con la vida, fue un peso que nunca pudo soltar y eclipsó la dicha que pudo sentir al ser la Venus de Hollywood. 

Norma Jean comenzó su carrera como modelo en 1946 para campañas publicitarias, con su belleza conquistó muchas portadas de revistas importantes, pero la personalidad y figura de Marilyn Monroe se empezó a consolidar cuando inició su carrera como actriz en 20th Century Fox. Desde entonces Marilyn figuró como la espectacular rubia de enfáticos labios rojos, sonrisa encantadora, sensualidad desbordante, glamorosa, elegante y divertida.  

Su imagen es el estereotipo de la feminidad norteamericana, pero en ella subyace una dimensión humana vulnerable, su estado emocional fue incontenible y cada vez más agobiante hasta que llegó al suicidio, el 5 de agosto de 1962 a causa de una sobredosis de barbitúricos en su casa de California. Aunque hay indicios que pudo haber sido un asesinato, lo cierto es que en diversas ocasiones Monroe había intentado suicidarse.  

Por otro lado, Estados Unidos fue pionero en la industria cinematográfica del siglo XX, desarrolló toda una cultura del entretenimiento que se extendió por casi todo el mundo. El cine creó un imaginario y una ideología para las masas, la cultura que ofrece la cinematográfica hollywoodense fue un culto a las estrellas, un amor por la superficie que gira en torno a lo que entretiene.  La cultura popular en el cine surge de cautivar la atención del público a través de un espectáculo orientado al consumo. De ahí que el fulgor de las estrellas de Hollywood, como el caso de Marilyn Monroe, son un estereotipo publicitario: la chica rubia, sexy, joven, con joyas, es la expresión de los valores norteamericanos que conformaron el mercado transnacional de Estados Unidos del siglo XX. Por supuesto el estereotipo de Monroe es una apariencia de felicidad y plenitud que oculta su inteligencia, depresión profunda, soledad, ansiedad, inseguridades y angustia, cualidades que también formaron parte de su vida.  

La actriz tenía esa aura artificial materializado por su personalidad y su carácter fragmentario, figura a la que se le brindó culto, el culto a la estrella, como menciona Walter Benjamin, sólo posible por el impacto que tiene la industria cinematográfica.  

“El arte de mañana será popular, concebido para las masas; efímero, con soluciones a corto plazo, prescindible, fácilmente olvidable; de bajo coste, producido en masa; joven, dirigido a la juventud; ingenioso; sexy; efectista; glamuroso… un gran negocio…” Escribió Richard Hamilton, representante del Pop Art de Europa. El Pop-Art es un movimiento artístico que surge en los años sesentas del siglo XX, como expresión del consumo, el ocio, la publicidad, la democracia, toda cultura hecha para el consumo de las masas. 

Los artistas tomaron la cultura popular que surgía de las sociedades de consumo para hacer cuadros en serie que expresaran el aspecto banal artístico. Artistas como Andy Warhol, James Gill, James Rosenquist, Richard Hamilton, Robert Rauschenberg, entre otros, tomaron la figura de Marilyn Monroe, una vez más como la representación de un objeto consumible pero esta vez dentro del mundo del arte.