Aleinad Mina 

El Laboratorio Arte Alameda (LAA) es un museo que promueve el arte contemporáneo transdisciplinar y experimental, en dicho espacio se fomenta el vínculo entre el arte y la tecnología a partir de la producción e investigación de diversas prácticas artísticas.  En sus actividades que celebran su 20 aniversario se encuentra la exposición Re-habitar el Laboratorio Arte Alameda, en colaboración con el Museo Nacional de Arte, una exposición colectiva en las que dialogan obras del siglo XVI y XVIII con artefactos artísticos contemporáneos.  

En el marco de sus celebraciones del vigésimo aniversario a causa del confinamiento por el Covid-19 el Laboratorio Arte Alameda tuvo un cierre temporal durante varios meses. Re-habitar gira en torno a pensar cuál es el significado de volver a un lugar que en el pasado fue habitado y que, por alguna ruptura, en este caso un suceso extraordinario, se ve en la necesidad de abandonar tal espacio: ¿es posible que todo se haya transformado?, ¿qué tanto permanece, qué nuevas experiencias emergen a partir del re-habitar?  

La exposición Re-habitar el LAA es un diálogo visual entre las obras de dos artistas de la pintura virreinal: Baltasar de Echave Ibía (1583-1650), y Juan Patricio Morlete Ruiz (1713- 1772), y en la escena contemporánea se expone la obra de Tania Candiani, Antonio Vega Macotela y Edgardo Aragón. La curaduría está a cargo de Lucía Sanromá quien recrea un espacio-tiempo entre el virreinato que converge con la estética contemporánea, para que un sinfín de miradas atiendan los posibles encuentros y desencuentros que hay entre estas obras plásticas.  

La Pinacoteca Virreinal de San Diego resguardó de 1964 a 2000 las obras de Baltasar de Echave Ibía, San Lucas, San Juan evangelista y San Pablo y San Antonio ermitaños, al igual que la Alegoría de la Purísima Concepción como protectora de la fe, de Juan Patricio Morlete Ruiz; actualmente estas piezas conforman la colección del MUNAL. Luego en el año 2000 este espacio se transformó en el Laboratorio Arte Alameda cuyo objetivo fue promover el arte contemporáneo. Ahora estás obras vuelven a Re-habitar un espacio artístico, pero con orientaciones totalmente distintas a las cualidades estéticas de su época. 

En contraste, la propuesta del arte contemporáneo presenta el habitar actual desligado a la ideología colonial respecto de la mirada antropocéntrica del hombre como señorío sobre el mundo. For the Animals video de Tania Candiani, la obra gráfica Adictos y la pieza en video El paso, hombre invisible de Edgardo Aragón y el gobelino tecnológico hecho en esteganografía de Jacquard Incendio VI de Antonio Vega Macotela, son propuestas artísticas que denuncian la explotación del mundo desde una lógica utilitaria y con mercantil que han acompañado los valores culturales del pasado.  

El conjunto de las obras nos muestra una diversidad de posibles maneras de habitar el mundo, el tema rector es cuestionar la realidad a partir de una lógica antropocéntrica, en donde el individuo es el centro del mundo tal como se ha concebido a partir del siglo XVI y las devastadoras consecuencias del dominio y la explotación de la naturaleza por parte del hombre. Así las propuestas desde el arte contemporáneo cuestionan la acción violentada del “habitar” mediante piezas elaboradas desde la transdisciplinariedad. Es decir, nos expresan las diversas formas en las que podemos habitar el planeta, el espacio desde su destrucción o desde su cuidado.  

Cuidar del entorno, los animales, la vegetación, los ecosistemas es una manera de reconfigurar nuestro habitar en el mundo puesto que como menciona Nietzsche en su aforismo Naturaleza olvidada: “Hablamos de naturaleza y al hacerlo nos olvidamos de nosotros: nosotros mismos somos naturaleza, pese a todo. Consecuentemente, la naturaleza es algo enteramente distinto de aquello que sentimos al pronunciar su nombre.” No somos ajenos a la naturaleza, la pandemia fue un ejemplo claro que visibilizó las distintas condiciones de interdependencia de la vida. Ahora que el escenario social vuelve de manera paulatina a la aparente normalidad, las cosas no son las mismas ni somos los mismos, las vicisitudes nos hicieron re-habitar nuestra casa, nuestro propio cuerpo, nuestra ciudad y el planeta, es decir, tal acontecimiento extraordinario nos hizo ocupar de manera distinta nuestros espacios, forjando nuevos hábitos y vínculos más íntegros.  

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