Aleinad Mina 

A finales del siglo XIX el cartelismo se posicionó como el medio de publicidad más importante para las masas. La litografía se acompañó de color, y codificó carteles seductores, en los que la palabra y la imagen marcaron las tendencias culturales. Los carteles tenían un impacto visual muy atractivo, su producción era económica y fueron artefactos diseñados para la cultura de masas. Las principales referencias surgen en 1870 en París, y en las principales ciudades de Europa y América.  

Aunque en la actualidad el cartelismo es considerado como un arte gráfica, surgió de manera polémica al no saber si considerar el cartel una obra de arte. A finales del siglo IXX, la funcionalidad tenía un rasgo esencial para distinguir lo que se conocía como Bellas Artes de otras disciplinas; ya que el paradigma del arte tenía como esencia una función desinteresada y contemplativa.  De ahí que el cartel moderno, aunque era pintado por artistas consolidados, y poseía criterios estéticos como la autenticidad y la belleza, su principal función fue promocionar espectáculos, productos comerciales, propaganda política, y posteriormente, fue un instrumento relevante para la propaganda bélica en las dos guerras mundiales.  

Los carteles de aquella época, eran signos visuales que reflejaban los gustos e intereses personales que pernearon la vida cotidiana de las sociedades modernas. Fueron uno de los principales medios de comunicación social, publicitaron la vida burguesa, el turismo, representaciones de teatro y el cine que emergió en aquel contexto.  

En la década de 1890 Toulouse-Lautrec, con su cartel Moulin Rouge, se posicionó dentro del cartelismo europeo, y representó principalmente la vida nocturna de los cabarets parisinos. Entre las principales aportaciones realizadas por Lautrec en sus casi treinta carteles, transformó las fórmulas del Art Nouveau en tanto que mostró una ruptura con las convenciones morales burguesas y las modas. Alphonse Mucha fue un importante artista de este género, sus principales carteles fueron de la famosa actriz francesa Sara Bernhard, además hizo una gran cantidad de ilustraciones para joyería, alfombras y decoraciones teatrales al estilo del Art Nouveau. Dentro de los carteles más representativos del espectáculo se posicionó la obra de Stanislaw Wyspiansky, quien creó tendencia dentro del cartel moderno y tipográfico para el teatro, sobre todo su trabajo se realizó para el Teatro de la Ciudad de Cracovia. 

Durante el periodo de entreguerras, el éxito de los carteles se posicionó en los carteles propagandísticos y publicitarios para promocionar el espíritu nacional. La Revolución soviética, la Guerra civil española y el régimen nazi, tomaron al cartel como un medio esencial para la propaganda política por su alcance de comunicación. Uno de los carteles más famosos fue del artista británico Alfred Leete Lord Kitchener Wants You (1914), que se hizo como propaganda de reclutamiento británico y recordatorio del compromiso bélico de los ciudadanos. En este cartel se inspiró James Montgomery Flagg para crear, en 1917, I want you for U.S. Army, para promover el reclutamiento de los estadounidenses para las fuerzas armadas de Estados Unidos, con la famosa figura inquisidora del Tío Sam. 

Paradójicamente el realismo social como ideología impuesta, a mediados del siglo XX, provocó y contribuyó que en Polonia resurgiera el cartel, este fenómeno fue uno de los más importantes en la historia del cartelismo. Las autoridades no interfirieron demasiado en las actividades de los artistas del cartelismo, que a mediados de los años 50 comenzaron a implementar en Polonia, los logros del movimiento de vanguardia occidental. El sistema totalitario soviético no tenía regulaciones o reglas específicas para el cartel como en otros campos artísticos, de ahí que el cartel fue un medio de libertad de expresión a diferencia de otras prácticas artísticas.  

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