“El disfrute del poder corrompe
de manera inevitable
el juicio de la razón y
pervierte su libertad”
Immanuel Kant
Por: Miriam Ruíz / @olis80
México está de luto.
El Senado de la República fue el escenario donde se perdió una de las instituciones jóvenes de contrapeso al gobierno: La Comisión Nacional de Derechos Humanos.
A través de la trampa, el fraude y la ilegalidad, los senadores de Morena y aliados impusieron, por orden presidencial, a la señora Rosario Piedra Ibarra como nueva presidenta de la comisión.
Perdimos porque al frente de la CNDH debiese estar una persona sin militancia partidista (por lo menos un año antes) para evitar servilismos, y ser electa conforme a derecho. Ninguna de las dos se cumplió.
Lo más sorprendente es que, pese a todo, la señora Rosario Ibarra Piedra aceptó el cargo.
Ella pertenece a una familia que durante años fue víctima del sistema a partir de la desaparición de uno de ellos; que padeció los desprecios de los gobiernos, que luchó en contra de la ilegalidad y la simulación, pero hoy, ella se presta a repetir los mismos errores que repudiaba.
Debido al prestigio de la familia, diversas voces nacionales e internacionales piden otorgar a la ombudsperson el beneficio de la duda; pero, ¿se puede confiar en alguien que obtuvo su cargo por medio del fraude?, ¿se puede confiar en una activista social que ignora temas fundamentales como los asesinatos a periodistas?, ¿se puede confiar en una militante del partido en el poder para defender los derechos de los mexicanos, sean fifís o no?
No cabe duda que el poder pervierte todo cuando falta probidad e impera la soberbia en las personas.
DE SALIDA
Este gobierno puso a prueba a todo el sistema de relaciones internacionales para traer a México a Evo Morales. Fue un éxito rotundo; sin embargo, la llegada del expresidente de Bolivia fue un balde de agua fría para quienes repudian la incongruencia.
Solo queda cuidarlo muy bien porque de nada le serviría a México que Morales fuera víctima de un atentado en nuestro territorio.














