Paco Ramírez / @ramirezpaco 

Una vez más el espaldarazo a los hombres y mujeres del presidente desde Palacio Nacional y en medio de la polémica y la sospecha. Es el caso de Delfina Gómez, actual secretaria de Educación Pública, a quien en la mañanera calificaron como una mujer “honesta, digna, un ejemplo”. 

Incontables los casos en que, desde el Salón Tesorería, se defiende a los incondicionales, aunque las evidencias de la corrupción con la que han actuado sean tan claras como el agua. No desmiente, pero concentra la carga de la defensa en la denostación de quienes hacen público tanto escándalo. 

“Que lo prueben”, “que presenten su denuncia”; “están dolidos porque no pueden seguir robando”; “están muy molestos porque ya no se permite la corrupción”; “fulano de tal es honesto y zutano es incorruptible”. Es decir, todo cuanto aparece lejos de su círculo político y familiar, es objeto de sospecha y desaprobación. En este régimen, la corrupción solo puede entenderse en el pasado. 

Sorprende cómo el titular del Ejecutivo, hace pedazos una resolución unánime del tribunal electoral. Delfina Gómez cometió un delito al retener el 10 por ciento del salario de los trabajadores municipales en Texcoco, cuando fue presidenta municipal, dinero que terminó en campañas de Morena. Es cosa juzgada por la que ya se sancionó al partido, pero… ¿Y la funcionaria cuándo? 

Y, sin embargo, el peso específico del discurso presidencial hace ver que detrás del fallo de los magistrados hay una campaña en contra de la funcionaria, una campaña tan inexistente como las que en su momento denunció contra él mismo, Manuel Bartlett, Félix Salgado, Irma Eréndira Sandoval y otros más.  

La ilegalidad protegida, el encubrimiento oficial, siempre y cuando se trate de los leales, ¿ejemplos? muchos, de los más recientes, “Cuitláhuac estamos contigo, siempre” el espaldarazo en respuesta a la carta que Bryan LeBarón envió al presidente de Estados Unidos, Joe Biden, para que investigue a los gobernadores de Morelos y Veracruz, Cuauhtémoc Blanco y Cuitláhuac García. 

“La investigación en estos casos es responsabilidad del gobierno mexicano”, pero, dónde están esas investigaciones, solo se han quedado en el discurso, no hay rendición de cuentas. 

“No tenemos nada de qué avergonzarnos, nada que ocultar, en México no hay corrupción, no hay impunidad” 

¿Cuánto tiempo más podrá sostenerse el discurso encubridor? La corrupción presente es tan evidente como la del pasado. 

Los escándalos siguen acumulándose aceleradamente en este sexenio en que importa más conservar el poder a cualquier precio, incluso comprando adversarios o quemando capital político.   Ya lo decía Bryan LeBaron ante el nombramiento de Claudia Pavlovich la ex gobernadora priista de Sonora, como cónsul de México en Barcelona, este gobierno “no protege criminales, los hace embajadores”. 

El encubrimiento oficial de la corrupción, el sello de la casa.