Enrique Escobedo
Es famosa la canción de Agustín Lara sobre esa mujer que ante el destino vende sus servicios y, por lo mismo, el consejo es que el precio de su amor no sea menor. Desde entonces la frase ha seguido una suerte de connotaciones, pero en el fondo sigue siendo la de no abaratarse.
Traigo a conveniencia la frase porque hay dos partidos políticos en México que me recuerdan el consejo del musico poeta y lo siguen al pie de la letra. Me refiero a los partidos del Trabajo y al Verde Ecologista. Con la diferencia de que ellos no son víctimas de las circunstancias como en la canción de Lara. Sendos entes políticos históricamente han desempeñado el papel de arribistas, oportunistas y trepadores y han jugado a su conveniencia las cartas que les da el momento.
Ahora, con los resultados electorales en la Cámara de Diputados, el gobierno los necesita a cualquier precio, por lo que ambos partidos políticos se venderán caro y fungirán como bisagras y, no tengo dudas, realizarán los trabajos sucios que no le convengan a Morena ejecutar. Consecuentemente, venderán caro sus favores y el precio lo pagaremos la ciudadanía. Son dos partidos que se han caracterizado por la falta de apego a sus principios y no veo razones por las cuales ahora si se sean consecuentes.
Los resultados de la jornada electoral del 6 de junio nos hablan de una reconfiguración de la estrategia de la actual gestión que pensaba que volvería a lograr la mayoría calificada. Léase, se requieren, al menos 334 diputados de los 500 para realizar reformas constitucionales. Lo cual significa que, en principio, pudiese ser que, con la suma de los votos de Morena, el Verde, el del Trabajo y el Solidario logren las imposiciones, pero requerirán de la aprobación de, al menos, 17 legislaturas locales.
Todo es posible en la política mexicana y no me sorprenderá que ocurran cambios de bandera de algunos diputados federales y locales, pues esa historia ya la conocemos. Pero los costos serán muy elevados e, insisto, esos sobornos los pagaremos nosotros con nuestros impuestos.
Estoy de acuerdo con la idea de que el financiamiento a los partidos políticos sea con recursos públicos. También comulgo con la idea de que esas organizaciones estén sujetas a la transparencia y la rendición de cuentas. Deben ser auditados por los órganos calificados y los resultados de la fiscalización deben ser expeditos. Pero eso no impedirá la compra de diputados.
Me queda claro que no puede haber una ley que prohíba los cambios de partido de diputados, pues es un derecho y un privilegio cambiar de opinión. Por lo anterior, mucho me temo que veremos que los partidos arriba referidos venderán caro, muy caro su amor y veremos un nuevo intento de recrear la maquinaria aplastante del monopartidismo.
La sociedad se manifestó por el pluripartidismo, la tolerancia, el debate y el encuentro del debate constructivo. En otras palabras, la ciudadanía queremos que no se refuerce el presidencialismo, que se fortalezca el federalismo, que no se divida a los mexicanos en estigmas sociales y que se gobierne por consenso. Pero mucho me temo que no todos los partidos políticos tengan esa lectura. Para algunas líderes de partido, la política es sólo un negocio y hay que explotarlo. Algunos viven para la política y otros viven de la política diría el sociólogo alemán Max Weber.
De los diez partidos que contendieron el 6 de junio, quedarán siete y dentro de tres años, probablemente, vuelvan a contender el mismo número. En ese tiempo podría hacerse una reforma electoral que no desaparezca al Instituto Nacional Electoral y, en cambio, sea más exigente con la fiscalización a los partidos políticos acerca de sus ingresos y de los representantes populares. La idea es que no reciban ingresos de alguna caja chica y se les pueda comprar, cooptar o corromper y ellos no vendan caro su amor aventurero.
Todavía faltan detalles acerca de la próxima configuración de la Cámara de Diputados, sus alianzas y el despliegue de sus fuerzas y sus estrategias. Nadie sabe a ciencia cierta lo que ocurrirá en ese recinto, salvo que esos dos partidos venderán caro su amor.